Miércoles, 29 Mayo 2019 11:28

San Agustín se enciende en calle Ameghino

Escrito por Claudio Puntel

 Mi primer encuentro con San Agüicho fue en febrero del 89. Había cruzado el Puente Blanco y al llegar a la esquina de las vías, me saludó la arboleda de las veredas de Ameghino. Esa fue la primer imagen del barrio que me conquistó desde mi llegada a Paraná. Tenía un trabajo ambulante y volvía a transitar seguido por esas calles. No habría amado esta ciudad si antes no conocía a la gente de San Agustín, que cada vez es más mi barrio.

Ahí curtí la amistad de ferroviarios jubilados, maestras, cartoneros, bolicheros y otras hermosas gentes, bien de pueblo.

Un par de años después comencé a trabajar en una radio ubicada a 20 metros de la esquina. Aquella experiencia me ayudó a profundizar el conocimiento y la amistad de los hombres y mujeres del barrio. Nunca olvido la tarde que entrevistamos a las recordadas y gloriosas madres, Queca Kofman y Aurora Fraccarolli. La inmensa cantidad de gente que se acercó a saludarlas, a dejarles papelitos con mensajes de solidaridad, los gurisitos que estaban jugando al futbol a la vuelta y suspendieron el partido para que las abracen esas mujeres de pañuelo blanco, me confirmaron que la lucha por Memoria, Verdad y Justicia no era patrimonio exclusivo de especialistas en derechos humanos, sino una causa abrazada por lo más sencillo y llano de nuestro pueblo. La desaparición de Héctor Gómez y Martín BAsualdo 3 años después, me ayudó a comprender mucho más tanta sensibilidad.

Digo que la afrenta de tener que convivir en la misma calle con una comisaría donde se torturó y se hizo desaparecer a nuestros pibes es algo que nuestro barrio no se merece. Sólo algunas acciones arriman algo de reparación: los gurises que vuelven y pintan el mural que los recuerda, aunque se los vuelvan a tapar; la obra de la querida escuela de la Floresta, el mural que recuerda a Romina, Eloísa y José Daniel; la encina donde siesteó Belgrano y saber que en la otra punta de la calle está la casa de la enorme Blanca Ramírez, referente de la CCC en el barrio.

Explicame cómo no iba a conmoverme y emocionarme hasta las tripas el fuego del guiso que esta mañana cocinaron mis compañeras y compañeros de lucha en esa esquina. Cómo no iba a estar feliz en ese lugar donde fuimos convocados por la lucha. Decime si no iban alegrarme los saludos de esas chicas y muchachos que me recordaban como su maestro. Justo hoy, cuando incendia la historia de tanta pueblada. Justo en estos días, que nos ponen en carne viva la memoria de alumnos asesinados, suicidados, consumidos por las adicciones. Y los otros, castigados por la desocupación y el hambre. Y nos gritan que es urgente la escuela como trinchera.

 

Publicado por Río Bravo el 29 /05/ 2019.

 

 

 

 

 

Modificado por última vez en Jueves, 30 Mayo 2019 00:26