Martes, 09 Agosto 2011 04:02

Respiración artificial (libro)

Escrito por Santiago Joaquín García

Una obra que fue escrita con valentía, un estilo envidiable, y que tiene una trama cuidadosamente construida. El mejor Piglia nos trae una historia en clave sobre los debates políticos que parecían clausurados por la posmodernidad, pero que el doble discurso vuelve a poner sobre el tapete.

Los escritores también son personas. Esta frase absurda revela los sentimientos contradictorios que algunos sentimos hacia los diferentes Piglias. Desde el punto de vista del compromiso social, Respiración artificial encarna a uno de los mejores momentos de este escritor brillante, que últimamente se ha volcado con mayor ímpetu hacia la crítica literaria, oficio que también ejerce con maestría. Sin embargo, para aquellos que le exigimos al artista una profunda sensibilidad con su entorno, seguramente, este libro representa un baluarte dentro de la literatura nacional.

Enrique Ossorio se suicida antes de la caída de Rosas y el profesor Marcelo Maggi sigue las huellas de ese hecho de forma obsesiva. Emilio Renzi, el sobrino escritor de Maggi, lo convierte a su pariente en protagonista de una novela llamada: La prolijidad de lo real. Precisamente, uno de los aspectos más destacables de Piglia pasa por abordar la terrible situación que atravesaba el país en el año mil novecientos ochenta, desde la dictadura hasta el social-imperialismo ruso, a través de un rodeo tan grande. Definitivamente, se trata de una mirada original sobre nuestro pasado y la valoración de nuestros escritores y filósofos más desprestigiados (como Arlt y Astrada, respectivamente) por el canon establecido. Dejemos la crítica a los que saben, para dar paso a la obra en sus propias palabras:

La historia es el único lugar donde consigo aliviarme de esta pesadilla de la que trato de despertar”.

Por otro lado, están los que actúan, ellos están antes que las palabras, porque el discurso de la acción es hablado con el cuerpo”.

Así son las cosas en esta época: para encontrarse con la gente que uno quiere hay que dormir”.

La primera página del Facundo: texto fundador de la literatura argentina. ¿Qué hay ahí? dice Renzi. Una frase en francés: así empieza. Como si dijéramos la literatura argentina se inicia con una frase escrita en francés” (…) “Está claro que, dijo, que el corte entre civilización y barbarie pasa por ahí. Los bárbaros no saben leer en francés, mejor: son bárbaros porque no saben leer en francés”.

No entiende el lenguaje como unidad, como algo coherente y liso, sino como un conglomerado, una marea de jergas y de voces. Para Arlt la lengua nacional es el lugar donde conviven y se enfrentan distintos lenguajes, con sus registros y sus tonos. Y ese es el material sobre el que construye su estilo”.

¿Qué hacer? Pregunta peligrosa. Por de pronto pensar: único modo conocido por mí de no volverme loco. Reflexionar”.

En fin, se podrían incorporar muchas otras citas. Valga la paradoja, porque el libro es también un amplio compendio de referencias, de lecturas indispensables para la época de censura que se vivía en el momento de su edición. De todos modos, su valor trasciende el momento para el que fue escrito, y nos permite emprender muchos viajes paralelos a lo largo de sus páginas. Una gran lectura para los tiempos confusos que corren, donde los mismos que profanan las consignas de los años setentas, son los que reprimen y cercenan el derecho a reclamar lo que nos corresponde.

Publicado en Río Bravo el 9 de agosto de 2011.