Domingo, 31 Julio 2011 23:56

Diario de un escritor entrerriano

Escrito por Román Ortíz

Un bache para la ilusión, Tomasito enfermo, las abuelas en las sombras y la porfiada esperanza.

Ahora sí, después de pelearle a lo que venga, cuando faltaba poco, se paró la obra. La casa de Marcela, Gervasio y el pequeño Tomasito está en veremos. Los abuelos agotaron los ahorros de la solidaria Cecilia, “y ya no queda nada ma’ que rascar en el fondo de la olla” –dice Don Roque con un dolor que se hace evidente en la voz. Evaristo es de pocas palabras, pero tiene una cara que lo dice todo. “Mierda que siempre e’ dura la vida del pobre” –se le escapó en una de las pocas veces que separó los dientes, apretados por la bronca. Y después dicen que no hay inflación.

Y a nuestro amigo le duele el doble. Porque no tiene un peso que arrimar y se siente responsable de todo. Después de todo, se trata de la casa que le están haciendo a él. Para colmo de males, “Tomasito tá con un catarro fulerazo” –explica Marcela, quien se ha quedado en casa por unos días por si hay que correr al Hospital. Obviamente, la cooperativa trucha no le dio nada al padre, ni siquiera la posibilidad de salir un rato antes. Algunos compañeros se están queriendo organizar, y se le acercaron a Gervasio, pero éste no sabe qué hacer. Tiene esa charla pendiente con su padre, que tiene muchísima experiencia de lucha, “pero con esto de la casa, ni gana’ de hablar tengo” –nos dice con tanta razón.

Y las abuelas están tejiendo en las sombras. No es un pulóver, ni una manta, sino las soluciones para los problemas, “que de golpe se no’ amontonaron, de una forma que yo no sé” –comenta Isabel. Para eso se acercó a la casa de Lorenza, y entre las dos madres piensan, entre mate con burrito y mate de té, cómo aportar un poco de tranquilidad a Marcela y Gervasio. Y entre planes extremos, y manotazos de ahogado, sonó el timbre: tío Jorge y sus libros, tío Jorge y su cara que se va poniendo alegre nuevamente, tío Jorge y su percepción de artista. “A ustedes do’ le pasa algo, y a mí no me van a anda’ bolasiando como a gurí chico” –reclamó después de las evasivas.

¿Qué sería de nosotros, sin las manos que nos damos sin esperar nada a cambio? Mientras los políticos aumentan su patrimonio a costa de nuestro lomo, con discursos que desbordan de compromiso social, del pozo nos sacamos entre nosotros o no nos saca nadie. Así las cosas, esta cíclica, previsible e indispensable solidaridad entre los que menos tienen, nos vuelve a dar una lección. Porque tío Jorge no tenía “ni un peso partido al medio” para aportar, pero sí “una habitación muy grande en la biblioteca popular, con baño independiente y todo”. Entonces la plata del alquiler de los chicos, podría reactivar la construcción.

Al principio, como siempre, Gervasio frunció el entrecejo y meneo la cabeza de izquierda a derecha. Su relación con tío Jorge era inmejorable, porque el pequeño Gervi fue uno de sus sostenes familiares cuando volvió de Malvinas. Se lo llevaba a pescar por todos los arroyos de los alrededores, y de esa forma, fue recuperando las ganas de vivir. Después de hablarlo con Marcela y hacer cálculos, nuestro amigo comprendió que era lo mejor para todos, y que además no le iban a dejar decir que no. La noticia corrió como uno de esos lechos de donde sacaban “algún pescao’ pa’ la fritanga” casi treinta años atrás, hasta que llegó a oídos de los abuelos. Prepararon el mate, pasaron a pedir fiado por el corralón, hicieron un par de chistes y se arremangaron otra vez.

Publicado por Río Bravo el 31 de julio de 2011.