Domingo, 01 Mayo 2011 23:22

Diario de un escritor entrerriano

Escrito por Román Ortíz

Las changas de Gervasio, los abuelos de fierro, Tomás, las changas de Marcela y los días de los verdaderos trabajadores.

Bastante amargo se le presentó el 1º de mayo a nuestro amigo. Recién echado del frigorífico por dormirse del cansancio, anda saltando de changa en changa, y no está fácil “arrimar güeso a la olla”. Viviendo a más de trescientos kilómetros del Mercado Central, ni siquiera Carne para Todos, o Milanesas para Todos, le pueden ayudar. La familia hace lo suyo, pero el “zanganaje” no es para Gervasio.

Aparte de las obras que le consiguen los parientes, empezó a agarrar trabajo en una cooperativa de construcción. Lejos de los principios cooperativistas, Gervasio figura como socio pero es explotado como el peor de los esclavos, mientras paga el monotributo. Los de la Uocra miran para otro lado, porque algo agarran de todo esto, y el gobierno y la justicia, ni hablar. “Y despué’ se llenan la boca de modelo y popular, estos malandra”, se queja don Evaristo, preocupado por la suerte de su hijo, su nuera y su nieto. Le ha dedicado buena parte de su vida a la militancia en los gremios este viejo obrero, hasta que se cansó de las traiciones y se jubiló, todo al mismo tiempo.

Es sabido que los problemas de trabajo, traen desajustes en el carácter. Las personas se ponen irritables, y tal es el caso de Marcela, a quien se le terminó el trabajo de la viejita a la que cuidaba. Al llegar a su casa, se la encuentra dada vuelta, y a su hermana Cecilia prendida con la boda real de los ingleses. “¿Te pasaste la mañana mirando la tele?” –le preguntó con poca paciencia. Una cosa llevó a la otra y se pelearon. Al llegar Gervasio, escuchó las explicaciones de su mujer, y la aconsejó con bastante acierto. “¿Te acordá’ quién estuvo con nosotro’ cuando nació el Tomasito? Andá y pedile perdón que un momento de calentura lo tiene cualquiera”. Llamado va, llamado viene, la intervención de Isabel, y volvió la unión entre las hermanas, que tanto reclama el Martín Fierro.

A pesar de los pesares, el niño Tomás sigue encendiendo el fuego de la esperanza con su sonrisa. Los abuelos Roque y Evaristo salen a caminar con el pequeño, y siguen elucubrando una ayuda para sus hijos y el nietito. “¿Y si compramo’ un terreno con esa plata?” –le pregunta el padre de Marcela a su consuegro. “Puede ser Roque, pero los gurise’ no tienen para arrancar la obra” –se lamenta Evaristo. “La hacemo’ nosotro’ de a poquito. En vez de la cuota esa que vos decías” –se anima Roque. “Dale, siempre y cuando seas meno’ capanga que mis capatace’, no hay problema”. Y entre bromas terminaron los detalles de su plan de ayuda.

Antes que los malabares con las monedas se vuelvan imposibles, salió otra changa para Marcela. Los parientes de la viejita que supo cuidar la recomendaron a una familia amiga en la misma situación. Pero esta vez el bebé no la va a poder acompañar. Isabel y Lorenza se turnarán para cuidar al Tomasito, que hasta con los abuelos varones se queda. Sin embargo, ya sabemos que estos dos viejos lobos van a estar ocupados en grandes proyectos. “Me da cosa dejarlo tantas horas” –le explica a Gervasio. “Un esfuerzo más, Marcela. Ya va a aflojar el viento norte, mi negra” –contestó nuestro amigo con ese dicho de su padre, besando la frente de Marcela. 

Ay, si sabrán poco del pueblo, esas “gentes que hablan con palabras más encendidas que los besos, justamente cuando se miran con ojos de témpano”, diría Luis Franco. Mientras unos hacen gala de su amor por los trabajadores, hay miles de entrerrianos que todos los días tratan de ganarle a la ruleta del destino, que tiene todas las fijas para los que nos mandan. Ya vendrán mejores tiempos, de dicha sostenida y verdadera.

Publicado por Río Bravo, el 01 de mayo de 2011.