sindicatotv

Miércoles, 08 Diciembre 2010 20:58

Diario de un escritor entrerriano (Semana 10)

Escrito por Román Ortiz

Por Román Ortiz - Seguimos matando a los indios como en el Martín Fierro. ¿Nada aprendimos de nuestro Marcelino? El originario es el más nacional y popular de todos. Don Julio Argentino no gobernaba por Twitter, porque no confiaba en eso de terciarizar la represión. Antes no pasaba eso. “Te acordás hermano, ¡qué tiempos aquellos!”.

 

El pecado más imperdonable de José Hernández fue enemistar a dos tipos de oprimidos. “Siempre cubiertos de harapos, siempre desnudos y pobres” nos dice Fierro de los gauchos. ¿Y qué decir del Indio? Más de cien años después, mandamos gendarmes (no se olviden que los boliches de milicos no son para los ricos), policías, o matones de civil, a pegarle a los vestigios de nuestros antepasados. Che, desalmado, ¿la fajarías a tu abuela?

 

Ayer había que poblar el “desierto”, hoy correr a los indios de los futuros campos sojeros. Y ayer el mito tenía sus apologistas, como Echeverría y su Cautiva, que escapaba de los salvajes indios asesinos. Pero ahora nadie se hace cargo. Los Insfranes matan como si no mataran. Miran para otro lado. Daños colaterales del truchi progresismo.

 

Hubo un gran paisano de estas tierras, que le hacía tanto al mate amargo como al periodismo. Se llamó Marcelino, y lo conocí gracias al Tirso. Fue uno de los primeros que acomodó a gauchos e indios en el campo popular. Ese equipo que todos quieren dividir, porque unido no hay selección que lo frene. ¿Se imaginan al indio y al gaucho contra el colonizador? ¿Al piquetero y al milico contra el entreguista? Facón y boleadoras, la lucha es una sola.

 

Y los pseudo apologistas omiten. “Poca bola 6 7 8 a lo de Formosa ¿no?”, se pregunta la Revista Barcelona. Le cuentan los días a Clarín, pero le cuidan la espalda a don Gildo, el más feudal de los señores. Le cuidan la billetera a la Barrick, que contrata al asesino de Haroldo Conti para frenar a los ambientalistas. Qué tipos jodidos estos verdosos.       

 

¿Pero para qué hablar del día que vendrá? Es el estilo que me contagió el tipo. Lo arreglaba todo con el día que vendrá”. Así escribía el Haroldo, como le dicen ahora los que ayer lo traicionaron, y hoy lo usan para caretear. No hablemos de los fantasmas que se vienen. Hablemos de los monstruos de carne y hueso. Esos meten miedo, nene. La peor derecha es la que gobierna desde hace más de tres décadas. Deuda externa y latifundio, y lo demás es verso, rima, soneto y métrica.

 

Pero en estas tierras tenemos un benefactor. Escuchando las palabras de este humilde poeta, que se preguntaba dónde hay un mango la semana pasada, aparecieron las cinco gambas. Regalito de navidad de Sergio. Y el año que viene, a la inflación que te la ataje Clemente. “Te acordás hermano, ¡qué tiempos aquellos!”. Cuando llenabas un carro en el mercado por cien guitas. Si en la utopía de Tomás Moro las ovejas se comían a los hombres; en la nuestra, el yuyo se come a las vacas. Y nosotros, a mate y galleta: como siempre.

 

 

Publicado por Río Bravo el miércoles 08 de diciembre de 2010

 

 

Modificado por última vez en Miércoles, 08 Diciembre 2010 21:16

845x117 Prueba