Domingo, 13 Septiembre 2015 02:23

Réquiem para la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos

Escrito por Prof. Pablo Alejandro Alvarez Miorelli

Este orgullo de entrerrianía deja de sonar por el aire de la República. Desde hace unos años se la  viene despojando de sus artistas, no cubriendo cargos, presionando para “meter” gente sin concursarla, reasignando partidas presupuestarias destinadas a sostenerla…

 

El acervo cultural de un pueblo es su marca identitaria ante el mundo y ante la propia historia, y en Entre Ríos, la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos, es parte de ese acervo, de nuestra identidad, testigo sonoro de otros tiempos en que la cultura era un sello distintivo de una visión de hombre y de mundo con sensibilidad humana.

La Orquesta Sinfónica hunde sus raíces en las primeras agrupaciones de la Sociedad Española y de la Sociedad Italiana de Paraná, que nucleaba a los inmigrantes que a poblar el destino del litoral llegaban, en 1936. La “Asociación Filarmónica de Paraná”, como fruto de esa amalgama de raíces europeas, comienza a bocetar de a poco el cuerpo que en 1941 sería la “Orquesta Sinfónica de Paraná”. Por esas vicisitudes de la apasionante historia política de Entre Ríos, en 1948 siendo entonces gobernador Héctor Maya, de pertenencia peronista proveniente de FORJA, del grupo de Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz, se institucionalizó la Orquesta, siendo la primera representación cultural colectiva, la orquesta del Estado, en el Litoral. Desde entonces la Orquesta sinfónica de Entre Ríos no fue ajena a los vaivenes políticos de la historia, no obstante siempre se alzó como un baluarte sonoro que tañó como orgullo de la entrerrianía, con excelentes músicos que poblaban sus acordes, provenientes de Paraná, de Santa Fe y Rosario, de Buenos Aires, con artistas de primer nivel que han transitado por el mundo todo.

Nuestro sonoro orgullo, teniendo entre sus directores a prestigiosos músicos de la talla del Maestro Oscar Giúcide, José C. Carminio Castagno y el Maestro Reinaldo Zemba, y ahora el Maestro Luis Gorelik, renombrada figura en el ámbito cultural de la música, cargo al que accede por concurso público donde compitieron los mejores de su talla. Esto es la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos, un puerto de cultura a la luz de los tiempos, un haz de sonidos y acordes de letras y entrerrianía a la vera y protagonismos de la historia de Entre Ríos.

Sin embargo, hoy este orgullo de entrerrianía deja de sonar por el aire de la República. Desde hace unos años se la viene despojando de sus artistas, padeciendo la ausencia de políticas públicas en materia de cultura, cargos que no se han cubierto, algunos vacantes por jubilación de sus músicos titulares, otros por licencias a causa de enfermedades crónicas, otros por renuncias.

En fin la orquesta va poco a poco perdiendo su sonoro esplendor. La legislatura provincial aprobó la ley para que el gobierno provincial se ocupe, desígne las vacantes por concurso, se asigne en el presupuesto las partidas, cosa que se hizo, y se normalice el funcionamiento de la Orquesta emblema de la provincia. Sin embargo, las partidas se reasignaron, nunca llegaron a la orquesta, se presionó al director desde algunos sindicatos para que pusiese “gente” en la orquesta, recomendados por ellos, violentando el principio concursal, a lo que el director, con buen tino, se negó, ya que los “recomendados” no saben ni tocar el timbre,

Así las cosas, en las últimas presentaciones, quienes somos habitué del público que sigue a la orquesta sinfónica, asistimos a la declaración de suspensión de eventos en provincias y países vecinos, a cancelación de conciertos y jornadas porque ya se llegó al límite,

Hoy por hoy, la Orquesta está muriendo. En verdad la están matando: se adeudan sueldos, se caen contratos, sus prestigiosos músicos están siendo recibidos en Buenos Aires, en Santa Fe, en el sur argentino, difícil será que vuelvan, difícil será reconstruir otra vez este emblema sonoro que ha sido motivo de orgullo de los entrerrianos.

El Ministro de “Cultura” no los atiende, principal responsable del desvío de los fondos de la Orquesta Sinfónica hacia sus empresas de publicidad mientras duró la millonaria campaña presidencial del Gobernador Urribarri. Hoy la orquesta se muere y entre sus latidos de acorde, la excelencia de un tiempo en que educación y cultura eran símbolos de progreso de una provincia, desde la visión de Maya de acercar la cultura a las bases, institucionalizando la Orquesta para que fuere de todos, para que sus acordes nos representasen alto en el ámbito mundial de la música, para que los jóvenes músicos de esta provincia tuviesen un espacio de inserción y desarrollo plenos. Sin embargo, hoy la orquesta se muere, a la orquesta se la ahoga. Entre bambalinas de presupuestos robados, la orquesta es vaciada y con ello la excelencia de una historia que supo contar otra cosa. Hoy la orquesta se muere por los asesinos de un pueblo que no entienden que sin educación ni cultura no hay progreso posible, que apagando la orquesta enmudecen los hilos de nuestra historia y nuestros sones entrerrianos. Hoy la orquesta se muere, ¿a quién le importa? Aquí hubo una orquesta de las mejores del mundo, hasta que la durmió el gran “sueño entrerriano”. Estafa acordada en las urnas, en el saqueo a la cultura, con un pueblo en silencio. Réquiem para la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos, ¿a quién le importa?

Publicado por Río Bravo el 12 de septiembre de 2015.