Domingo, 21 Junio 2020 15:45

Vicentín es mucho más que Vicentín

Cuando llegaba el final del gobierno de Macri, que lo único que hizo bien fue espiar a opositores y asegurar para los mismos de siempre la fuga de miles de millones de dólares al exterior, la apuesta de muchísimos/as argentinos/as fue por la construcción de un gran frente nacional y popular que pudiera poner fin a ese infierno. Y no era un eslogan: tenía que ser grande (no era tiempo de sectarismos), frente (había que acordar en la heterogeneidad, a partir de algunos principios básicos e irrenunciables), nacional (no sumaba aferrarse a buenas experiencias provinciales si no se aportaba a impedir que en el país siguieran gobernando la embajada yanqui y sus marionetas locales) y popular (tenía que permitir el despliegue de políticas que favorecieran a los/as trabajadores, las mujeres, los/as campesinos, los/as estudiantes...).

Desde antes de asumir, ese gobierno ya tenía asegurado el odio fervoroso de un sector que jamás toleraría una sola política que vaya en contra de lo que Rivadavia y Mitre, en el siglo XIX, ya habían pensado para Argentina. Esa parte de nuestro país, que ayer salió a cacerolear y bocinear, no necesita la expropiación de Vicentín para odiar a este gobierno y a todos/as los//as que vean en él una posibilidad de empezar un camino diferente. Odian, desde el vamos, la concepción misma de "gran frente nacional y popular", y nada que parta de esa definición les vendrá bien, nunca.

"La familia Vicentín"

"En el último mes del gobierno macrista, Vicentin recibió del banco Nación un crédito por día. Si, uno por día. Eso hasta el 10 de diciembre, que asumió Alberto Fernández. Dos meses después, la empresa, que no había usado ese dinero para pagar deudas, se presentó en concurso. ¿En qué usó el dinero Vicentin sino lo uso para pagar sus deudas? Gran misterio. El gobierno argentino sospecha que Vicentin habría remitido buena parte del dinero al exterior, en una maniobra defraudatoria, usando sociedades en el extranjero", informa Graciana Peñafort a raíz del fallo del joven juez ex abogado del Banco Nación, que el viernes pasado interrumpió la intervención de la empresa.

Quienes cacerolean y bocinean en defensa de "la familia Vicentín", lo hacen, conscientemente o no, en defensa de un grupo de estafadores, vaciadores, fugadores de divisas, a quienes, sí se los investigara, tendrían que dar cuenta incluso de relaciones con narcotraficantes que los salpican. Defienden a una "familia" cómplice de la desaparición de 22 trabajadores durante la última dictadura militar, 14 de ellos delegados gremiales, señalados por el jefe de personal de la empresa en coordinación con los genocidas. Defienden, conscientemente o no, a una "familia" que arrastra una historia de "favores" del Estado, principal aunque no exclusivamente en dictaduras, que les sirvió en bandejas préstamos que no devolvieron, puertos y obras fluviales que fueron hechos a su medida, y les estatizó deudas privadas que pagamos desde hace décadas todos/as los/as argentinos/as.

Quienes cacerolean y bocinean en defensa de "la familia Vicentín", también lo hacen en contra de la única alternativa para que la empresa no termine desguazada, en manos de Cargill o alguna otra "multinacional", dejando en la calle a los/as trabajadores y mirando la fiambrera a muchos/as de los/as productores que reclaman cobrar sus deudas.

Quienes cacerolean y bocinean en defensa de "la familia Vicentín", no representan a los/as trabajadores de la empresa, que desde su comisión interna se manifestaron a favor de la intervención del estado. Defienden, en cambio, a quienes la vaciaron. Son coherentes, nobleza obliga, con toda una tradición que los lleva a respetar el beneficio de la duda y la presunción de inocencia cuando se denuncia a quienes crean empresas fantasmas en paraísos fiscales; pero son veloces para juzgar y condenar cualquier atisbo de organización popular, especialmente las sindicales.

Lo que está en juego con Vicentín

En la disputa por el futuro de Vicentín no se difiere el inicio de un camino de expropiaciones a mansalva que acabará con todas las industrias en manos del Estado. No está en juego que vayamos a ser "Venezuela", pese al constante estruendo con que baten parches los funcionarios del anterior gobierno y los periodistas que les hacen coro.

De todos modos, sí es cierto que en la disputa por el futuro de Vicentín no sólo está en juego Vicentín.

En defensa de "la familia Vicentín" saltaron el intendente y los concejales, que trinaron como voceros de Vicentín; el juez de turno, que ofició de abogado de Vicentín; y los medios hegemónicos, que defienden a Vicentín como defienden siempre la timba financiera contra cualquier iniciativa estatal que busque regular los negocios que ellos prefieren liberados a la ley del más fuerte.

Sí, en la disputa por el futuro de Vicentín no sólo está en juego Vicentín. Está en juego quién gobierna. Los bocinazos y las cacerolas de los/as mismos/as que se hicieron los/as giles con los tarifazos, el cierre de empresas y comercios, la desocupación, la caída del salario real, la inflación y el aumento de la pobreza durante el gobierno de Cambiemos; junto a una batería de notas de Clarín, Infobae, Telefe y La Nación; las declaraciones beligerantes de la Sociedad Rural y sus diputados; y el fallo de legitimidad dudosísima de un juez que hoy debe estar recibiendo palmadas y halagos de todos los sectores de poder del norte santafesino; quieren hacer recular un proyecto de ley presentado en conferencia de prensa por el Presidente de la Nación. Entonces, la disputa en sí por la empresa Vicentín pasa a segundo plano.

Lo que está en juego es quien gobierna. No quiere decir esto que si se echa atrás el proyecto entonces no gobierna Fernández ni el frente que lo llevó al gobierno. Nada es tan directo, unívoco, lineal y simple en la política. Sí será, de eso no hay dudas, un paso atrás en la voluntad de millones de argentinos/as de construir poder para que los mismos vivillos de siempre no sigan cortando la torta.

La Garganta Poderosa resumió así la situación en estos días: "Tenemos una Cámara Alta de Senadores, una Cámara Baja de Diputados y una cámara bajísima de medios, donde se vetan leyes que no llegan al Congreso, sin que ninguna otra minoría las discuta: ahí la derecha tiene mayoría absoluta."

Para que los medios hegemónicos, sus jueces marionetas, la sociedad rural y sus aliados, "aplaudan" al gobierno, el precio a pagar es no avanzar en este tipo de proyectos. Es decir, que no se desarrollen las políticas para las que se votó a un gran frente nacional y popular. Es decir, que sigan gobernando ellos.

Vicentín es, en este sentido, una pulseada más en la eterna disputa por resolver quién gobierna en Argentina. Y esto no quiere decir que para gobernar haya que cerrar ojos y oídos, todo lo contrario. Desde estas páginas saludamos a comienzos de este año los gestos del gobierno cuando modificó proyectos de ley en función de sendos reclamos de sindicatos docentes universitarios y de chacareros. Lo que está en discusión hoy es si esta vez serán escuchados los que la historia oficial, los medios hegemónicos y el poder más concentrado de nuestro país, siempre silenciaron. Si esta vez otras voces podrán oírse por sobre los gritos de guerra que lanza la oligarquía cuando siente que sus intereses no son los que orientan las políticas en la Casa Rosada.

Desde que se desató la pandemia que obligó al aislamiento social, el gobierno nacional demostró un poder de convicción muy importante para no dejarse torcer el brazo por los Paolo Rocca y compañía que en nombre de la "libertad" salieron a bombardear, con toda la artillería que tienen a disposición, las medidas en defensa de la salud pública. Veremos qué pasa, ahora, con Vicentín.

Quienes creen que pueden seguir gobernando aunque el pueblo les haya dicho que no, se frotan las manos desde el viernes con el fallo del juez amigo.

Quienes esperamos que las "familias" Vicentín, Rocca, Etchevere y compañía, no sigan mandando como patrones de estancia por estos pagos, también estamos atentos y expectantes para ver cómo sigue la pulseada, y para jugar nuestras fichas también.

Esta nota, de hecho, es un humilde aporte para visibilizar la cancha y qué es lo que está en juego. Que sí, en eso los caceroleros y bocineros tienen razón, es mucho más que la empresa de "la familia Vicentín".

Acá no se termina ningún partido, obvio. Pero hay jugadas que pueden definir mucho de lo que viene después, mucho más allá de esa jugada. Y esta, cada vez está más claro, esta es una de ellas.

Publicado por Río Bravo el 21 de junio de 2020.

Publicado en Debates
Jueves, 16 Abril 2020 11:29

La batalla por quién paga la crisis

Nadie desconoce a esta altura que el monumental esfuerzo económico que el Estado está debiendo hacer para enfrentar la pandemia del coronavirus Covid-19, por algún lado se tiene que compensar. Los insumos sanitarios, la adecuación de la tantas veces postergada infraestructura hospitalaria nacional, los subsidios a las empresas, pymes y monotributistas, el auxilio a trabajadores informales y desocupados; no nace de un repollo ni de la maquinita de hacer billetes.

Precisemos: en Argentina hay 2,4 millones de familias que perciben la AUH o la asignación por Embarazo; 4,8 millones de trabajadores informales; 469 mil monotributistas categorías A, B y sociales, y 133 mil empleadas de casas particulares. A estos grupos que ya están entre los que reciben ayuda económica, se sumarían en breve las otras categorías del monotributo.

El impuesto sobre las grandes riquezas

Así las cosas, cuando la batalla contra el virus sea cosa del pasado, vendrá la pelea (igual de dura, dolorosa y potencialmente costosa en términos de salud pública) por desandar el inevitable daño que se está produciendo en materia económica. Las industrias, las pymes y los comercios cerrados o a media máquina; provocarían un tendal de desocupación, nueva pobreza e indigencia, y cierre de unidades productivas y de servicios, si el Estado no interviniera con sus herramientas para evitarlo.

El proyecto de ley para un impuesto extraordinario sobre las grandes riquezas y patrimonios; es la gran oportunidad de que, por fin, se cumpla aquel reiterado lema de las organizaciones sindicales en la Argentina: que a la(s) crisis no la(s) paguen los/as trabajadores. Se busca recaudar unos 60 mil millones de pesos que serán utilizados exclusivamente para políticas públicas en la Emergencia Sanitaria.

El proyecto que sería impulsado por el gobierno nacional, lo está preparando un grupo de diputados nacionales oficialistas, coordinados por Carlos Heller (presidente de la Comisión de Presupuesto) y Máximo Kirchner (presidente del Bloque del Frente de Todos), con aportes de anteproyectos de Fernanda Vallejos, Juan Carlos Alderete y Verónica Caliva, entre otros. Este apunta a los aproximadamente 12.000 argentinos/as que poseen cuentas de más de 3 millones de dólares, o sea, más de 250 millones de pesos.

El proyecto de ley no indaga en cómo fueron conseguidas esas fortunas: cualquiera que haya estudiado historia por fuera de los manuales más conservadores sabe que muchas de ellas fueron construidas a partir de saqueos, sangre de pueblos reprimidos, apropiación ilegítima de grandes extensiones de tierra, negocios turbios con el Estado (sobre todo en épocas de dictaduras y de gobiernos neoliberales) y poniendo las riquezas naturales del país al servicio de "multinacionales" con sede en los países centrales. Pero no, el proyecto no discrimina: los y las 12.000 argentinos/as que tienen más de 3 millones de dólares tendrían que asumir sin excepción el "ahora nos toca poner a nosotros".

Esto, si el gobierno logra resistir la embestida mediática, política y legal que ya está sufriendo desde que se conoció la iniciativa. De hecho, en principio el texto del proyecto apuntaba a los y las 32.400 argentinos/as que tienen cuentas por más de 1 millón de dólares. La versión actual ya incluye una concesión para achicar el tamaño del grupo que recibirá el impacto de la medida.

La estrategia del sector apuntado por la ley, seguramente y como ya ha ocurrido otras veces, será la de incluir a una parte lo más amplia posible de la sociedad en la defensa de sus privilegios. Armas no les faltan y a lo largo de la historia bien que las han empleado. La fortuna que suman estos/as argentinos/as, alcanza y sobra para, sino comprar, al menos alquilar periodistas, jueces, fiscales, dirigentes sindicales, políticos, barrabravas, sicarios; que defenderán su causa como si fuera propia.

Sin careta

La pronta oposición de los principales referentes de Cambiemos al proyecto de ley, podría no sorprender a nadie: gobernaron pensando en ese sector social cada día de su gobierno nacional, durante 4 años. De todos modos, pocas veces fue tan explícita, abierta y sin máscaras ni dobles discursos, la posición en defensa irrestricta de los privilegios de la minoría económicamente más poderosa del país. Este grupo político es el mismo que, casualmente, hace un mes se negó a derogar las jubilaciones de privilegio de jueces y embajadores.

No se quedaron en las expresiones públicas de Patricia Bullrich, Federico Pinedo y Alfonso Prat Gay. Ya hay legisladores de Cambiemos que adelantaron que intentarán por todos los medios, políticos y legales, trabar la sesión legislativa que se prevé realizar de forma remota para aprobar esta ley. Al respecto, la presidenta del Senado de la Nación, Cristina Fernández, ya adelantó su pedido de aval a la Corte Suprema de Justicia.
Así, por ejemplo, el diputado bonaerense de Juntos por el Cambio Luciano Bugallo, se presentó ante la justicia con un amparo para rechazar la tasa municipal extraordinaria que el municipio de Castelli dispuso para las propiedades en el campo, con el objetivo de crear un fondo de emergencia para la comunidad en caso de que se desate la pandemia a nivel local. Le salió el tiro por la culata: el juez de Dolores Antonio Marcelino Escobar, rechazó su intervención ya que no es un particular afectado por la medida y prácticamente lo trató de ignorante.

Son estos sectores, de hecho, los que están impulsando desde las redes sociales y los servicios de mensajes una "rebelión fiscal" que consistiría en no pagar durante 90 días el Impuesto a las Ganancias, IVA e Ingresos Brutos. Al respecto se expresó Hugo Basilotta, dueño de la fábrica Guaymallén, que vende dos millones de alfajores por día y se opone a los recortes de personal y de salario en el marco de la pandemia. "Hay que saber perder: Cada uno maneja su empresa como quiere. Me gustaría ver los pasaportes y todas las propiedades que tienen muchos de los que se quejan. Porque en la época buena a todos nos gusta viajar, gastar y comprar autos", planteó en referencia a la escasa previsión de ciertos empresarios argentinos que cuando hacen fortunas la dilapidan en vez de guardar para tener espalda cuando las cosas van mal.

Así, entonces, sin caretas y a capa y espada, será la pelea por definir quién paga la crisis económica que inexorablemente se profundizará después de la emergencia sanitaria. Hay un indicador claro de cómo se pararán en este contexto la prensa hegemónica y los referentes políticos que la retroalimentan: la ofensa que sintieron como propia cuando el presidente de la Nación tildó de "miserables" a los multimillonarios que, como Paolo Rocca, CEO de Techint, descargan la crisis sobre sus trabajadores en el medio de la guerra contra el coronavirus.

Habrá que ver si, en la vereda de enfrente, los referentes políticos y sindicales que no son cómplices de tamaño descaro, están a la altura de las circunstancias para encauzar la batalla sobre quién paga la crisis. Batalla que, cada vez está más claro, ya ha comenzado.

Publicado por Río Bravo el 15 de abril de 2020.

Publicado en Actualidad
Lunes, 30 Marzo 2020 12:28

La reacción de los antipueblo

El sitio paralelo de la embajada yanqui, Infobae, difunde cada vez más notas hablando de lo difícil que va a ser para las empresas sostener la cuarentena. Allí, infaltable y previsible, Javier Milei vaticina "la peor crisis de la historia" del país. Cadenas de mensajes llaman a la rebelión fiscal contra un Estado que "gasta" en el pobrerío y le impone regulaciones a los que se creen los dueños del país.

Techint avanza y va a los hechos: anuncia el despido de 1.450 trabajadores. No lo necesita, tiene espaldas para tenerlos parados un año entero, pero necesita dar una lección: en una de sus empresas, Tenaris (planta Campana), los/as trabajadores llamaron a la huelga para imponer el cumplimiento de las normativas de emergencia nacional y lo lograron.

Mientras Pedro Sánchez, presidente de España, anuncia la cuarentena aclarando de entrada que las horas que los obreros cobren sin trabajar las tendrán que "devolver paulatinamente", Alberto Fernandez anunció refuerzos para ayudar en los barrios populares así como a los pequeños y medianos productores y comerciantes. Y, a los grandes como Techint, les dijo: "muchachos, les tocó la hora de ganar menos", hoy la prioridad es la salud. En una entrevista radial, en obvia alusión al dueño de Techint, Paolo Rocca, fue más directo aún: “Has ganado tanta plata en tu vida, tenés una fortuna que te pone entre los más millonarios del mundo; hermano, esta vez colaborá, y hacelo con los que hicieron grande a tu empresa, con los trabajadores”.

Como respuesta, el inefable Miguel Ángel Toma, todavía "representante del Estado" en el directorio del grupo, amenazó: si no quiere que las empresas despidan empleados Fernández debe impulsar una modificación a la Ley de Contrato de Trabajo. Aprovecha la volteada para extorsionar e insistir con la reforma laboral.

Era obvio que no se iban a quedar quietos. Que no tolerarían sin mostrar sus garras que el gobierno respondiera a una necesidad popular (cuidar la vida y la salud de todos/as) antes que a sus negocios.

El ex vice ministro de Economía, Emmanuel Alvarez Agis dice que en este contexto no son los economistas quienes tienen que decir qué hay que hacer, sino el Ministerio de Salud. Y ellos, los mismos de siempre, no perdonan este "desorden" de prioridades.

Vienen tiempos en los que las grandes mayorías tendremos que jugar para impedir que los eternos antipueblo sean quienes marquen la cancha. Denunciarlos, señalarlos y no ser cómplices de la difusión de sus mentiras, es un primer paso que, aún en cuarentena, podemos ir dando.

Publicado por Río Bravo el 30 de marzo de 2020.

Publicado en Debates