Viernes, 20 Marzo 2020 20:24

Amadeo y mi viejo

Murió Amadeo carrizo.

Hoy murió Amadeo Carrizo, y necesito escribir algo.

Amadeo marcó mi vida, escribo, y cuando digo esta frase en voz alta siento un ardor en la boca del estómago, algo así como un fuego que va subiendo por el pecho hasta que llega a mis ojos, se me cae alguna lagrima y sigo pensando cómo explicar que un arquero, un tipo que no conocí, que no vi jugar en vivo, me haya marcado tanto a mí que me toco nacer 18 años después de su retiro como futbolista , allá por 1970, en Millonarios de Colombia.

No sé la fecha en que me enteré de la existencia de Amadeo, si me acuerdo de la anécdota fundacional. Calculo que en ese micro inconsciente colectivo de mi casa era de esos personajes recurrentes. Las anécdotas de mi viejo tenían esa magia, mientras contaba algo introducía personajes de la cultura y de la política: Atahualpa, Mercedes Sosa, el negro Olmedo, Alfonsín, Perón, la máquina, el Beto Alonso, Pepe Santoro, Rojitas, el Racing de José, Bochini y muchos equipos y jugadores que son símbolos del fútbol Argentino.

Pero así eran las historias de mi viejo: podía estar contándote una anécdota de cómo una vez una tormenta lo hizo esconderse debajo de un carro y al terminar la historia quien lo había escuchado atentamente salía sabiendo quién era el Chacho Jarolavsky, por ejemplo. No sé cómo hacía, pero a mí me pasaba sobre todo con el fútbol, yo escuchaba las historias de mi viejo como en una especie de “atención flotante”, lo miraba hasta que aparecía un gesto. Un torrente de sangre que se veía en las venas de sus ojos, eso indicaba que ese era el momento exacto en que iba a decir lo que realmente importaba, a veces era más explícito, a veces no tanto, pero el mensaje llegaba.

Y así fue como apareció Amadeo. Yo habré tenido 8 años y mi viejo empezó a contar algo, la historia parecía ser la de dos niños que eran primos (mi viejo y su prima), que ante la orden de un mayor de la familia iban a buscar las vacas para encerrarlas en un corral mientras que una radio portátil transmitía la final de la Libertadores del año 66.

El relato de mi viejo es fantástico, tal vez el mejor que le escuché. Mientras transcurren las peripecias de estos niños entre vacas, perros y corrales, la radio portátil que cuidadosamente estos niños habían atado a un árbol, iba reproduciendo las alternativas del match. Mi viejo hizo que el protagonista de esa historia sea Amadeo Carrizo, hace poco descubrí que en Internet estaba el partido completo, lo vi y elijo mil veces la versión de mi viejo.

En síntesis, River, después de ir ganando 2 a 0, pierde 4 a 2 en el alargue, sobre el final. De ahí el apodo gallinas.

Demasiados valores en una anécdota: por un lado mantener las convicciones en la derrota aunque te digan gallina, por el otro sostener la humildad en la victoria, no festejar antes de tiempo.
Luego el azar hizo lo suyo, un día de verano veníamos en el auto con Héctor (mi papá) y mi tío Vicente, que en vacaciones siempre venía desde Bs As con mi tía tita a pasar unos días al campo. Creo que ellos venían hablando de cuántos litros de agua salen por minuto con una bomba de agua semisurgente, yo mientras tanto escuchaba en la radio del auto la AM 630 Radio Rivadavia, “la oral deportiva”. En verano era la época en que los 5 grandes jugaban el “tornero de verano”. Todo transcurría así hasta que de la nada en la ruta aparecen unas cajas y un montón de papeles desparramados. Vicente clavó los frenos, paramos a un costado, bajamos, de inmediato identificamos que no era basura: había libros, revistas, casetes TDK, todo el material era futbolístico. Yo me ilusionaba con la idea de poder llevarlo a casa, ya estaba planificando cómo ordenarlo en mi habitación, pensando las horas que iba poder gastar esas vacaciones con todo eso que estaba ahí. Era una época en la que no había Internet y eso para mí era la panacea: revistas “Goles”, “El gráfico”, “Ole”, vídeos con goles de los mundiales comentados por Bonadeo. En ese momento de éxtasis, donde todos mis sentidos estaban al tope, en ese preciso instante las voces de mi tío y Héctor me volvieron a la realidad de una forma muy fría.

- Esto debe ser de un periodista, dijeron, vamos a juntar todo y a llevarlo a la comisaria, si quien lo perdió lo desea recuperar lo primero que va a hacer es ir ahí.
Pero claro… qué ingenuo fui, cómo yo iba a pensar que estos tipos tan "rectos", digamos así, me iban a permitir llevarme algo que no era mío. Maldije por dentro mucho, demasiado, todavía puedo recordar la sensación de bronca, me hervía la sangre, tenía las manos calientes y el sol del verano me golpeaba fuerte, parecía que los rulos de mi cabeza desprolija se iban a prender fuego. Me fui calmando, a regañadientes ayudé a subir las cosas al auto, y mientras nos dirigíamos a la comisaria mi papá gira desde el asiento del acompañante y me dice:

- Tomá, éste te lo podes quedar

Era un libro: “Amadeo, el arte de atajar”. Y en la tapa estaba la cara del gran Amadeo con su boina. Alguna vez lo imité, durante mucho tiempo usé boinas. En ese libro él recorre su carrera dejando mensajes y describiendo los secretos del arco.

Esas anécdotas marcaron para siempre mi forma de relacionarme con el fútbol, los grandes equipos de los 60 y 70, los grandes estadios, las grandes muchedumbres, lo popular; entendí que es una herramienta fantástica para relacionarse y construir valores, que el fútbol es algo más, que a los futboleros nos atraviesa de otra forma, nos marca. Después conocí a Menotti y me llegaron los conceptos del fútbol como hecho cultural, y también entendí cómo todos esos valores el capitalismo lo fue transformando en otra cosa en función de su dios que es el dinero. pero ese es otro tema. Hoy simplemente quería escribir esto sobre Amadeo : ojala él haya sido consciente de lo que generó en algunas personas. Hasta siempre, maestro, gracias por todo.

Publicado por Río Bravo el 20 de marzo de 2020.

Publicado en Cultura

Las efemérides me aburren tremendamente. Son el lado más vago del periodismo. Las efemérides deberían servir para contar las historias paralelas y nunca contadas de las historias oficiales. Sino siempre se repite lo que ya está en wikipedia.

Se cumplen 50 años del día que el militar, dictador y presidente de facto Juan Carlos Onganía cortó la cinta inaugural que abrió el paso al cruce subfluvial entre Santa Fe y Entre Ríos. La historia de su construcción estuvo a cargo de personas mucho más agradables y menos nefastas que Onganía, que poco tuvo que ver más que para venir a cortar la cinta.

Pero lo que quiero contar es otra cosa. El nuevo Túnel debía ser recibido también con un acontecimiento cultural. Con el propósito de organizar los festejos de su apertura, el gobierno de la provincia de Santa Fe convocó a muchas instituciones para organizar lo que se llamó la Semana del Túnel o Expo Túnel desde el 6 al 13 de diciembre de 1969.

Fue José María “Cocho” Paolantonio, recordado como un activo miembro del movimiento teatral santafesino, y que por aquel año vivía en Buenos Aires trabajando como secretario de Extensión Cultural del Instituto Di Tella, quien propuso para la Expo a la artista argentina Lea Lublin, dado que, casualmente, había llegado de París, donde acababa de presentar dos instalaciones artísticas con mucho suceso:

"Lea Lublin aceptó la propuesta, ya que la misma se acercaba a su idea estética de generar arte interactivo que permitiera la participación de la gente vinculando el acontecimiento con la sociedad. Paolantonio cuenta `...para acentuar más esta decisión convinimos en que el título de la obra estuviera directamente vinculado con ella. De una reunión entre todo el equipo de la Secretaría nació lo del Fluvio Subtunal que significaba la respuesta artística a la construcción física. El nombre se le ocurrió a Luis Verdi´” . (El Litoral. 29/10/2010)

El visitante se metía en distintas habitaciones y atravesaba una experiencia, una especie de “arte experiencial”, combinado con el estilo de los happenings que surgieron en Nueva York y que en Buenos Aires también se hacían en el Di Tella, donde había una mezcla de arte callejero con una participación activa del espectador. Pero fue la primera vez que se ponía en práctica en nuestra ciudad, lo que significó un furor entre el público que pudo apreciarlo.

La obra de Lea Lublin fue la culminación de una serie muestras que ofrecieron a los santafesinos el encuentro con una forma artística hasta entonces poco conocida. La Expo Túnel fue un hito en la historia del arte de nuestra región, pero no sólo fue una muestra de vanguardia plástica sino también musical. Al respecto el músico y periodista santafesino Daniel Caminiti relata esta característica recordando aquel acontecimiento:

“Era la Expo 69, durante una semana hubo varios artistas que llegaron a la ciudad: Mercedes Sosa, la Porteña Jazz Band, el Gato Barbieri y también Almendra. Ahí lo escuché por primera vez a Luis Alberto Spinetta y descubrí lo que era la improvisación, la zapada en el rock, algo que no había visto nunca en mi vida”. (Daniel Caminiti - El Litoral. 10/03/2012).

Otro músico y periodista de la ciudad que también presenció aquella “Semana del Túnel” fue Hugo Tredici, y cuenta sobre la misma:

“Estaba terminando la escuela primaria, muy enganchado con toda la movida beat de la época: Los Gatos, Pintura Fresca, Trocha Angosta; y fui a la Expo Túnel, en el escenario que se armó en la costanera, a ver a Almendra como a un grupo más de esa movida. No reparé en que ese tipo que estaba cantando y tocando la guitarra luego iba a tener tanta influencia en mí. Yo conocía al grupo por un tema, Gabinetes Espaciales, que estaba en un disco que compilaba canciones de distintos grupos; recuerdo que al lado de El Extraño de Pelo Largo, o Sobre un Vidrio Mojado, de Kano y los Bulldogs, el tema aparecía como algo totalmente raro. Desde el sonido, desde la lírica de la poesía, uno se preguntaba ¿qué está cantando este tipo?”. (Hugo Tredici - El Litoral. 10/03/2012).

También tocaron grupos de rock de Santa Fe, que empezaban a surgir con canciones de autor en castellano como el grupo Them. Cuentan quienes estuvieron allí ese día que el público local aplaudió hasta más fuerte que a los capitalinos Almendra. Sin embargo no existen ni se han encontrado aún registros fílmicos, sonoros o fotográficos de aquellos recitales, por lo que sólo la memoria de quienes estuvieron presentes puede acercarnos con el relato de sus recuerdos las sensaciones y vivencias de los hechos ocurridos. El historiador santafesino Mario Daniel Andino estuvo presente también en ese recital de Almendra y lo cuenta así:

“Hubo una semana de festejos en la costanera donde se hizo la Expo Túnel, donde actualmente está el Parque de la Locomotora. Se había instalado un escenario donde tocaban distintos grupos musicales, de distintas corrientes, y entre ellos actuó Almendra. Spinetta vino a Santa Fe en su etapa inicial, muy fuerte, muy gloriosa… recuerdo personalmente haber estado, escuchar Muchacha ojos de papel con aquel flaco extraño que desde arriba cantaba con una voz un poco susurrante y que no tenía nada que ver con los cánones de los cantantes más gritones o que declamaban otra cosa. No fue un show masivo, habíamos quedado un pequeño grupo para escucharlos, pero se notaba ya que era algo diferente, y comenzaba una adhesión casi de culto con el público… hubo un culto desde el comienzo; no es que se mitificaron después, sino que creo que hubo un ‘darse cuenta’ desde el inicio que ahí había un nivel diferente”. (Mario Andino).

Por último el testimonio de Mario Zanor, plomo del grupo Them, recuerda lo que muchos hoy creen imposible, haber escuchado Almendra primero en vivo que en radio o en disco:

“Al comienzo la única forma de escuchar rock era yendo a los recitales. Después aparecieron el Peiso y Bergesio, pero era prácticamente nada lo que había en radio. Había que ir a ver a los grupos en vivo, porque tampoco era fácil conseguir discos. (…) Yo era plomo del grupo Them, porque colaboraba con mi hermano Horacio que tocaba la guitarra ahí. Y gracias a eso pude escuchar al grupo Almendra dos veces, una en Candy y otra en la Expo Túnel, donde recuerdo hicieron el tema Gabinetes espaciales que era una locura. Escuché a Almendra en vivo antes que por la radio o por discos...”. (Mario Zanor).

No se sabe con exactitud qué día Edelmiro Molinari, Rodolfo García, Emilio del Guercio y Luis Alberto Spinetta estuvieron en Santa Fe. Lo que sí se sabe es que entre el público también estaba Alcira Luengas, una joven estudiante de cine del Instituto de Cinematografía de la UNL, quien quedó deslumbrada con Almendra y decidió realizar un documental sobre el grupo. Esta realización tampoco es reconocida en la historia oficial de la filmografía del cine argentino y nadie recuerda a Alcira como una de las primeras documentalistas de rock de la Argentina. Pero esa es otra historia.

Reproducido por Río Bravo con autorización del autor el 13 de diciembre de 2019.

Publicado en Historia
Domingo, 26 Mayo 2019 16:43

La chica del poste

 ¿Quién eras?

¿Qué idea poderosa te hacía correr con zapatitos bajos, minifalda y un poste en la mano por las calles rosarinas? ¿Qué fuego estabas por prender?

¿Qué mandatos tuviste que romper? ¿Qué expectativas defraudaste? ¿Qué destino marcado torciste?

Corrías furiosa, alegre, excitada. Corrías manija, sin saber del todo lo que puede una insistencia. Eras flama, masa gaseosa en combustión que sale hacia arriba de los cuerpos que arden y que desprende luz y calor.

Barricada, grito, revolución. ¿Nieta de quién? ¿abuela ceniza? ¿chispa que enciende?

¿A dónde corrías con semejante poste? Tan ágil, tan linda, tan suave, tan insurrecta.
Tan dispuesta a armar barricadas para frenar el avance.
Tan dispuesta a poner el cuerpo como solo lo ponen ellas.
Dispuesta a no negociar, a no claudicar, a ser arte de ese grito que no es todo el grito.

¿Qué te animaste a hacer a contramano de lo esperado, de lo aprendido?
¿Cuánto costó cargar ese poste, prender la fogata, bancar la madrugada?

¿Qué quemaron esas llamas?
¿Qué pasó con esas cenizas?
¿Que frenó esa barricada?

¿Te vieron correr a través de la vidriera de la Escuela de Peinados? ¿Qué pensarían de tu pelo suelto al viento? ¿Habrán querido atarlo, cortarlo, recogerlo, plancharlo, secarlo, sujetarlo para que no puedas avanzar? ¿Te vieron correr desde las ventanas, desde la calle de enfrente, desde la cámara de fotos? ¿Qué hicieron después de verte?

¿Tus compañeros que hablaban del Hombre Nuevo hablaban también de vos, hablaban de la mujer, de la mujer nueva? ¿Eras vos?

Todo estaba empezando, todo estaba a la vuelta de esa esquina. El amor, la militancia, la revolución. ¿Qué pasó después? ¿Qué te pasó después? ¿Sobreviviste a la cacería? ¿Con cuántas heridas? ¿Con cuántas ausencias? ¿Cuánto dolor?

¿Qué queda de eso? ¿Dónde están las barricadas hoy?

¿Qué queda bajo los adoquines y el asfalto y los días? ¿Qué fuego queda, qué palos, qué corridas, qué apuros, qué enfrentamientos? ¿Quiénes quedan en esa esquina, hoy? ¿Sigue ahí la Escuela de Peinados? ¿Sigue el bar de la esquina abierto o ya cerró?
¿Dónde están los que te vieron correr? ¿Qué hacen, de qué trabajan, a quién votan? ¿Que harían si te vieran correr de nuevo?

¿Qué cosas merecen hoy tu barricada?
¿Por qué cosas habría que ponerse a correr?
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La foto se tomó en Rosario pero se podría haber tomado en Corrientes, Buenos Aires, Río Negro, Mendoza, Tucumán… Faltaban apenas ocho días para que comience el Cordobazo.
Rosario, 21 de mayo de 1969 /
Fotógrafo Carlos Saldi
Texto de: Luciano Debanne, Diego Valeriano, Cora Gamarnik
Publicado en el muro de Facebook de Cora Gamarnik. Reproducido en Río Bravo Entre Ríos el 26 de mayo de 2019.

Publicado en Historia