Se trata de una iniciativa de la editorial paranaense Ana, que pone a disposición de nuestros lectores Literatura para enfrentar enemigos invisibles, una antología de cuentos y poesías de escritores y escritoras entrerrianos y santafesinos, que puede descargarse de manera gratuita al final de este artículo. Con una declaración que revela compromiso social frente a la situación que atravesamos por estos días, manifiestan: “Los escritores también tenemos algo para dar, una historia, nuestra poesía (…) queremos saludarlos, aportar y dar el presente en esta lucha colectiva”.

“Ofrecemos este libro a todos los lectores de Entre Ríos, de Argentina y del mundo”, dicen con solidaria ambición los trabajadores de Ana Editorial, que busca hacer su aporte para sobrellevar estos días difíciles. Como en una especie de oxímoron, si el encierro es una medida necesaria e inevitable, el aislamiento no es condición infranqueable y así lo dan a entender los autores de esta iniciativa: “Estamos aislados, pero estamos juntos”, sentencian.

El libro consta de dos partes: la primera de cuentos, la segunda de poesías “y persigue un solo objetivo: que quien quiera leer en estos días de encierro, lo pueda hacer”.

Quienes integran la editorial hacen en la presentación del libro un pequeño manifiesto de compromiso: “...queremos saludarlos, aportar y dar el presente en esta lucha colectiva. A lo largo de nuestra historia ya hemos enfrentado numerosos obstáculos, dolores e injusticias; también lo haremos ahora”, advierten.

Descargá el libro desde el siguiente enlace: Literatura para hacer frente a enemigos invisibles

Autores: Juan Manuel Alfaro, Silvina Pugliese, Alfredo Di Bernardo, Melé Graglia, Julián Obeid, Ana María Martínez, Juan Luis Henares, César Penna, Pablo Felizia, Graciela Chisty, Enrique Suárez, Mariana Bolzán, Litto Ganchier, Maura Pierotti y Cecilia Tonina.

Diseño de la tapa: Lucía Puntín

Equipo editor: Pablo Felizia, Nicolás Tavella y César Heinitz.

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Lo llamaron "El viaje olvidado". Depende para quién, hay todo un pueblo que lo recuerda y atesora. En 1978, el santotomeño Miguel Cruz nadó las aguas del Río Uruguay desde el puerto de Santo Tomé, Corrientes, hasta Yapeyú, con la consigna “De la cuna de Andrés Guacurarí a la cuna del más grande Americano". El más grande americano cumplía dos siglos aquel 25 de febrero.

Aquel homenaje a San Martín fue un raid épico, con peripecias y complicaciones que lo convirtieron en una empresa casi titánica.

Es cierto que Miguel Cruz no era un paisano cualquiera, sino uno de los más grandes nadadores de nuestro litoral. Hombre de barrio, de familia trabajadora, peronista, de vida sencilla y férrea actitud deportiva. Semana a semana se adentraba en el río a entrenar, con el Uruguay bajo o crecido, bajo los soles de enero o con los rigores del frío invierno. Se destacó en competencias de aguas abiertas como los cruces del Paraná de Posadas a Encarnación; de Corrientes a Resistencia; desde 1974 participó en todas las Santa Fe - Coronda; el cruce del Río de La Plata; la Paso de los Libres - Uruguaiana; Santo Tomé - Sao Borja y competencias en Estados Unidos y Canadá, entre otras. Una vieja crónica del diario El Litoral cuenta cómo en 1975 ganó la competencia de Paso de la Patria a Punta Molina (Ctes), enfrentando los obstáculos de los bancos de arena por la bajante del río. El periodista lo describía como "un morrudo nadador con un estilo particular".

La iniciativa de homenajear al Padre de la Patria fue del nadador, de fuertes convicciones patrióticas y democráticas. Para la empresa se rodeó de un grupo de jóvenes dispuestos a acompañarlo y asistirlo desde alguna canoa. Uno de ellos, nuestro entrevistado Victor Hugo Vallejos, recuerda el raíd como "una gran experiencia impresionante y emocionante".

Cuando arrancaron la travesía, a las ocho de la noche del 23 de febrero, habían cumplido con una serie de preparativos y trámites. Sobre todo trámites, porque el rigor de la dictadura lo hizo todo más difícil. Hoy, Vallejos piensa que aquél homenaje a San Martín "pudo haber terminado muy mal" y no por los peligros del río, sino por el riesgo latente de la represión.

Para gestionar todas las autorizaciones habían contado con la ayuda del abogado Vicente Ramírez, que había sido diputado provincial hasta la fecha del golpe de 1976. Ramírez "había respondido a todas las requisitorias impuestas y brindado las informaciones a través del intendente municipal de facto de Santo Tomé", recuerda nuestro entrevistado. "A juzgar por lo que ocurrió después, pienso que el intendente no los presentó, o los militares que recibieron la información lo cajonearon".

Sobre la travesía, Vallejos cuenta que "Miguel estuvo todo el tiempo en el agua, no dejaba de nadar ni siquiera para comer. Lo hacía sin apoyarse en la canoa. Comía mucha fruta y por la noche tomaba café para que lo mantenga despierto. Desde las canoas, nosotros íbamos muy atentos a que no se durmiera, porque si se dormía seguía nadando".

En la segunda noche, un suceso complicó la travesía. "Yo veía el mismo arbolito al costado, todo el tiempo", dice Víctor Hugo y a partir de eso se percataron de que "llevábamos mucho tiempo dentro de un inmenso remanso que no nos permitía avanzar". Así fue como Junajito Martínez, otro de los acompañantes, adolescente y gran nadador, "se tiró al agua y a fuerza de golpes pudo sacarlo".

En otro momento, el alimento le jugó una mala pasada al nadador. "Un chocolate lo indigestó con un fuerte ataque de hígado. Miguel estaba muy mal pero no aceptaba salir del agua". Necesitaron insistir mucho los acompañantes para que acepte "ser asistido en la costa brasileña, en un lugar llamado la Cancha de Santa María, en una zona donde el río se vuelve muy ancho". Que nadie piense que lo vio un médico o que le aplicaron medicamentos. "Fue una señora brasileña, quien advirtió nuestra presencia y nos socorrió en una canoa. Nos atendió muy bien. A Miguel le hizo una tisana de yuyos", relata Vallejos. El nadador temblaba mucho, "con una manta lo envolvimos y él se acostó allí mismo, en la costa. Al lado del río durmió durante una hora". El deportista tuvo una rápida recuperación, "de inmediato salió nadando a una velocidad impresionante, nos costaba seguirle el ritmo con la canoa porque nadaba muy rápido, su pecho se elevaba sobre el agua por la potencia que tenían las brazadas", recuerda Vallejos.

Homenaje frustrado

Cuando se acercaban al puerto de Yapeyú, el grupo fue interceptado por una patrulla que les impidió el paso. Sólo permitieron ingresar a Yapeyú a Miguel Ángel y obligaron a los acompañantes a permanecer todo el día en la costa.

El propósito final de Miguel Cruz, dejar un pergamino al pueblo de Yapeyú como testimonio del homenaje al Libertador, no pudo ser cumplido. Hoy, Vallejos reflexiona que "el mensaje libertario de la consigna, recordando al Comandante Andrés Guacurarí, de fuerte contenido artiguista y que destacaba el espíritu de la Patria Grande soñada por San Martín", no iba a pasar inadvertido para la dictadura.

Pero en el fondo, el homenaje fue cumplido. La impresión que aquella experiencia dejó en la conciencia de los jóvenes que se embarcaron en el proyecto, la gente del pueblo que la noche de la partida se acercó a despedir a los raidistas, la admiración por la entrega de aquél enorme deportista de honda raigambre popular, llamado Miguel Ángel Cruz, valen mucho más que cualquier recepción protocolar y de compromiso que les negaron.

Fotografía: Diario El Libertador, Publicado por Río Bravo el 25 de febrero de 2020.

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El viernes 14 de febrero, con la modalidad de conversatorio, el público en general fue convocado al teatro 3 de Febrero desde la Municipalidad de Paraná para tener un encuentro con la actriz de Relatos salvajes y La odisea de los giles.

A las 18 en punto hizo su aparición en el hall del teatro Rita Cortese, con un paso lento pero firme propio de quien ha caminado por las desventuras de la vida. La recibimos con un aplauso cerrado. Agradeció la calurosa bienvenida y se perdió detrás de la puerta de ingreso. La vimos alejarse esperando ansiosos que dieran sala. Sobran los motivos para encontrarse a conversar con artistas cuyos trabajos nos vienen emocionando desde hace décadas.

Aunque el conversatorio es una modalidad cada vez menos extraña en los ámbitos académicos, que busca superar las estructuras rígidas de las exposiciones, no es tan corriente como modalidad de encuentro con los artistas. Quienes estábamos allí, sin duda queríamos escuchar a Rita, cuya trayectoria no se detiene en el cine y en la pantalla chica. Ha participado de innumerables puestas en escena como actriz y como directora y, hacia el 2008, como si los caminos artísticos no supieran de límites, presentó su primer disco como cantante de tango; El amor, ese loco berretín, con el cual obtuvo el premio Carlos Gardel. Los motivos para conversar con ella eran múltiples, desde conocer su mirada como artista hasta escuchar el devenir de una historia de vida asociada a la lucha por la democracia y por las causas populares. Y también, por qué no, había quienes querían saber detalles de un mundo lleno de luces y sombras que nos seduce a diario con su espectacularidad.

Sin embargo, cuando las puertas se abrieron e ingresamos al pasillo de planta baja, los acomodadores nos impidieron ocupar la platea. Esa tarde no seríamos solamente público. Nos condujeron al escenario, el lugar de las estrellas, donde actores y actrices entregan su alma, donde exhiben sus artes para que el espectador -según palabras de Rita Cortese- “se deje atravesar, conmover, interpelar por lo que el artista está realizando”. A ese territorio sagrado del artista fuimos invitados a conversar.

Las primeras miradas de asombro se completaron cuando advertimos que, dispuestas como un abanico, desde el fondo y de frente al proscenio, más de cincuenta sillas nos aguardaban para que las ocupásemos.

Dos mesas rectangulares, cubiertas por manteles negros, ubicadas en el filo del proscenio, se dejaban encandilar por una iluminación viva a la espera de los actores. No estaba claro por qué estábamos allí, qué sucedería pero la famosa cuarta pared de la que tanto se habla en el teatro se cerraba en la boca del escenario otorgándole al espacio escénico una intimidad intensa. Estábamos allí el público, la pequeña escenografía y la historia viva de un escenario atravesada por afiches de antiguos espectáculos, y travesaños desde donde cuelgan sogas, telones, y luces. Cuando Rita Cortese ingresó al escenario fue acompañada de los organizadores, entre quienes se encontraban la actriz y profesora de teatro Charo Montiel, quien explicó el modo en que la jornada habría de desarrollarse.

No se trataba tan solo de un conversatorio. Aprovechando la experiencia de Rita, se convocó a estudiantes de primer año de la carrera de teatro perteneciente a la UADER para que ensayaran dos escenas bajo la mirada atenta de la directora. Sin alocuciones grandilocuentes, Rita explicó el trabajo que realizaría en momentos con los jóvenes estudiantes. Habló de la soledad del artista en el escenario, de la exposición a la que se someten quienes deciden ponerle el cuerpo al teatro y de la desnudez de exhibirse ante la mirada escrutadora del público. Nombres como los de Peter Brook, Meyerhold y Constantin Stanislavski, alumbraron las frases que fue desgreñando sobre el trabajo del actor y los desafíos de expresar algo más que un texto. Los desafíos de habitar la palabra.

El tiempo que duró el ensayo estuvo inundado por el silencio; solo los actores y las actrices exponiéndose en cada escena, y la voz sabia y amorosa de la directora provocando las actuaciones: “No te muevas, no digas nada. Vos vení, mirala de cerca, en silencio, apoyale la cara en el hombro, en silencio. Cuando hables, no te olvides que el dolor te atraviesa, te estás por separar”. Las indicaciones iban al detalle, buscando, indagando con el actor cómo y cuándo hablar. El texto es un pretexto. No es un fin, es algo que el actor dice cuando puede sentir la profundidad de lo que está por decir.

Los espectadores pudimos ver a una mujer de setenta años apasionada por su trabajo, yendo, viniendo, provocando y hasta poniéndole el cuerpo para que el actor se viera obligado a empujar para pasar. No los estaba dirigiendo, estaba dando una clase de teatro en el sentido antropológico del término. Los artistas se construyen en los procesos de indagación. “No hay un modo de alcanzar un personaje, hay muchos recursos por explorar. Muchos caminos”, dijo en sus intervenciones, mientras los presentes podíamos advertir que además de los caminos, de las causas y los para qué, están los sentimientos, el cuerpo, la energía y la incomodidad del desequilibrio. “No descanses, no te relajes. Ponete de costado y agarrate fuerte del sillón. Tu mano debe estar todo el tiempo apretando el sillón y desde ahí intenta levantarse, pero no puede porque está borracha”.

El teatro es el arte de la repetición, decía y les pedía a los actores que volvieran a empezar incorporando los cambios. Los presentes asistimos al taller donde se fraguan los personajes, al trabajo de volver sobre los pasos, una y otra vez, buscando determinado modo de mirar, de decir, de abrazar. Y pudimos ver cómo nuestras y nuestros jóvenes estudiantes escuchaban y se apropiaban de cada sugerencia para llenar de vida a sus personajes. Para que las contradicciones de la vida llenaran sus personajes.

“El teatro nos enseña que es un arte colectivo. Como en la vida, nadie se salva solo, siempre nos salvamos con otros”, dijo Charo Montiel en una devolución hacia el final, a lo que Rita agregó: “El actor tiene una ideología. Esa ideología determina un modo de vivir, de sentir la vida. Esa ideología es necesaria para la composición del personaje”. Lo dijeron y quienes escuchamos, tuvimos la certeza de que aquellas palabras no hablaban solo de teatro.

Cuando se habilitó el espacio de las intervenciones, el micrófono pasó de mano en mano entre el público, preguntando, buscando respuestas incluso sobre hechos de la vida que exceden el teatro. La palabra rodó y puso en marcha el conversatorio que pretendía ceñirse al teatro pero que lo desbordaba con la vida. El teatro es eso, un modo de representar la vida. Y Rita Cortese puso en valor la importancia de vivirla. No lo dijo, no lo expuso, su trabajo sobre el escenario, la pasión de poner el cuerpo para que unos jóvenes actores en formación recibieran esa donación, ese conocimiento entregado como una ofrenda, nos devuelve al círculo de la vida. Ese círculo donde los mayores entregan todo cuanto saben a las jóvenes generaciones, sin mezquindades, sin pedir nada cambio, solo por el hecho de la preservación. La vida está en la preservación. Rita lo sabe, por eso nos dijo “la palabra hay que habitarla, hay que vivirla”. Lo dijo para que los actores entendieran la importancia de sentir la palabra. Pero todos los que estábamos allí, por esas licencias del arte que nos permite explotar las metáforas, entendimos que no solo hablaba de la palabra.

Publicado por Río Bravo el 15 de febrero de 2020.

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Podemos preguntarnos por qué en los discursos “progresistas” tiende a usarse el término “pibes” en vez de “alumnos”.

Si el alumno se convierte en pibe, es porque debiera trascender la escuela, como si ser alumno fuera una especie de jaula de hierro, sin poder, dentro de otro tipo de escolaridad, asumir una función más humanizadora, dentro de una concepción liberadora de escuela y de maestro. Si son PIBES, ya no hay MAESTROS, dentro de la línea del “facilitador”.

Podemos preguntarnos por qué en los discursos “progresistas” tiende a usarse el término “pibes” en vez de “alumnos”. Etimológicamente “alumno” proviene del latín “alimentar”. Alumnus, persona criada por otra’, derivado de un antiguo participio de alere ‘alimentar’ (nada que ver con “sin luz”, es un error frecuente). Dice Estanislao Antelo[1] que el término alumno es un artificio, él usa “pibes”: Ahora no hay alumnos, hay “pibes”. “… no es lo mismo enseñarle a un alumno que a un pibe. Un alumno es un artificio, alguien al que se le supone una ignorancia y una capacidad de aprender. Alguien cuya identidad está en segundo plano.”
Obvio, todo lo humano es artificio, no existe naturaleza pura, pero Antelo hace una crítica a lo que él considera “artificio”, empero dicho alumno, a pesar de él, sigue estando en la escuela.

Me parece que hay una negación implícita de lo escolar, el alumno es propio de la escuela; el pibe es un modismo rioplatense, implica un tratamiento afectuoso más allá de lo escolar[2]. El “alumno” tendría que ser “protegido afectuosamente”, ¿de quién?, ¿del maestro?, ¿de la escuela?

Si el alumno se convierte en pibe, es porque debiera trascender la escuela, como si ser alumno fuera una especie de jaula de hierro, sin poder, dentro de otro tipo de escolaridad, asumir una función más humanizadora, dentro de una concepción liberadora de escuela y de maestro. Si son PIBES, ya no hay MAESTROS, dentro de la línea del “facilitador”. Valga aclarar que, aunque se pretenda convertir al maestro en mero facilitador negándoselo como modelo[3], siempre habrán diferentes tipos de modelos que lo reemplacen, y que en la actualidad se identifican con los que circulan en el mercado. Ello bajo el falso ideológico pretexto de que la escuela es del siglo XIX, los maestros del siglo XX y los alumnos del siglo XXI; afirmación tal es falsa por cuanto la interpretación es meramente tecnócrata, y no desde los proyectos políticos implicados. Ciertamente, en el siglo XXI los cambios tecnológicos condicionan materialmente la circulación del capital ficticio o financiero/especulativo/parasitario, empero su comprensión requiere ser relativa al proyecto político implicado. Desde aquí, diferimos de Bauman.

Zygmunt Bauman, con su noción de “modernidad líquida”, involucra socialmente nada más que al campo de circulación de las actuales tecnologías de la información y la comunicación, sin embargo, si consideramos lo que él denomina “modernidad sólida”, es desde ésta la que debe comprenderse a la mayor parte de la humanidad, en cuanto se involucra dentro de una pobreza estructural.

Entre tanto, el sujeto escolar sigue, valga la redundancia, estando en la escuela, por más que verbalmente se lo denomine “pibe”, continúa siendo “alumno”. Por ende, la cuestión radica en cómo sea “alumno”, que no se resume en una peripecia “verbal”.

El apelativo “pibe” es propio de los porteños, en otros lugares de Argentina hay modismos diferentes, sea por ejemplo “gurises”, “changos”[4]. Por ende, en esta oportunidad el centralismo porteño hasta en el discurso coloniza.

Otro interrogante es para qué el alumno sigue siendo alumno, para qué la escuela sigue siendo escuela. ¿Cuál es el sentido del alumno, del maestro y de la escuela? Es que el alumno no existe, no existe el maestro ni la escuela. Hay multiplicidad de alumnos, de maestros y de escuelas, según los contextos histórico-presentes, sociales, culturales, políticos y económicos, aunque, y he aquí un serio problema, las normativas sigan permaneciendo las mismas, como si hubiera un solo tipo de alumno, un solo tipo de maestro y un solo tipo de escuela. Así, ¿debe ser la misma finalidad aquella que implica a la gran cantidad de desplazados-excluidos en el mundo que la finalidad de quienes participan de los beneficios de la inclusión, en mayor o en menor medida? ¿Vale acaso la consideración de alumnos que, mientras se encuentran sumidos en la pobreza con serias dificultades para la mera sobrevivencia, apunten a las competencias de un futuro que no les caerá cual maná del cielo? El Foro Económico Mundial de Davos (2016) “popularizó”, sin justificar fehacientemente la información, que “el 65% de los niños trabajará en empleos que aún no existen”[5].[6]

Ejemplificando, ¿debe ser la misma finalidad para quien es tarefero en condiciones de pobreza/explotación infantil que para quien es hijo de un acaudalado empresario/político? ¿Deben ser los saberes a aprender del niño/tarefero “iguales” a los del niño/del acaudalado? ¿Deben ser los saberes a aprender del niño/del acaudalado “iguales” a los del niño/tarefero?[7] ¿Es este último el que, si es que egresa de la escuela primaria, debiera aprender las competencias del siglo XXI?, ¿o más bien debiera alfabetizarse, aprendiendo a leer y escribir, crítica-creativa-dialogalmente, desde sus propias condiciones de vida? En el decir de Paulo Freire, pronunciar su propia palabra.

Ya en el siglo XIX, con mucha ironía, criticando a la igualdad o al “derecho igual”, Carlos Marx nos decía: “¿Se cree /que/ en la sociedad actual… la educación puede ser igual para todas las clases? ¿O lo que se exige es que también las clases altas sean obligadas por la fuerza a conformarse con la modesta educación que da la escuela pública, la única compatible con la situación económica, no sólo del obrero asalariado, sino también del campesino?”[8]

Concluyendo, digamos con el mismo Freire[9]:

“Para dominar, el dominador no tiene otro camino sino negar a las masas populares la praxis verdadera. Negarles el derecho a decir su palabra. Las masas populares no deben ‘admirar’ al mundo auténticamente; no pueden denunciarlo, cuestionarlo, transformarlo para lograr su humanización, sino adaptarse a la realidad que sirve al dominador.”

NOTAS:

[1] https://www.unnoba.edu.ar/antelo-ya-no-hay-mas-alumnos/ (consulta: 15/01/2020)
[2] También significa aprendiz o muchacho de los mandados.
[3] Modelo, según el Diccionario de la Real Academia Española, entre una de sus acepciones, significa arquetipo o punto de referencia para imitarlo o reproducirlo. Aquí se presentan críticas, al respecto, porque en nuestros días se niega la concepción de la educación tradicional en la que el alumno debiera aprender a ser mera “copia” del maestro, pues el alumno como “mera copia” subsume el presente al pasado. Pero, valga considerar que una multiplicidad de modelos (económicos, culturales, psicológicos, etc.) circulan en la actualidad, con fuerte pregnancia de los intereses del mercado; y dicha circulación aún bajo los criterios de la salud y/o la enfermedad. Tanto la escuela como sus maestros asumen la función modélica, aunque se la niegue, por ende, el reconocerla críticamente implica la posibilidad de una no simple subsunción o rechazo, más allá de la palabra dialógica y transformadora a la vez.
[4] Chino o pelado para decir niño en Colombia, que en Argentina es un chico y puede ser un pibe, un chavo en México, un gurí o botija en Uruguay, un mitaí en Paraguay, un chamito o carajito en Venezuela, un patojo en Guatemala y en Honduras, un crío o chaval en España. Chibolo se dice al niño en Perú, bicho en la Republica del Salvador, güila en Costa Rica, cabrito en Chile, chamaco o fiñe en Cuba.
[5] https://www.infobae.com/2016/03/18/1797961-el-65-los-ninos-trabajara-empleos-que-aun-no-existen/ (consulta: 18/01/2020)
[6] https://www.glocalthinking.com/futuro-del-trabajo-y-automatizacion-ultimas-tendencias (consulta: 18/01/2020)
[7] Tarefero es un término utilizado en la Provincia de Misiones, al noreste de la República Argentina (en cuyo norte se encuentra el polo turístico patrimonio universal de la humanidad Cataratas del Iguazú) para designar a una persona que cosecha “con sus manos” la yerba mate, valiéndose de una tijera. Según un relevamiento realizado en 2010 por la Universidad Nacional de Misiones, de 7.000 tareferos entrevistados, el 50 por ciento manifestó que se había iniciado en el trabajo antes de los 14 años; es frecuente que entre los 4 y 5 años de edad. Los tareferos son invisibles, al chico que está en el yerbal no lo ve nadie, ni el sistema.
https://www.elterritorio.com.ar/un-nino-que-trabaja-esta-condenado-a-la-pobreza-37760-et (consulta: 17/01/2020)
[8] Marx, Carlos. “Crítica al Programa de Gotha.”
[9] Freire, Paulo (1970: 112-113). “Pedagogía del oprimido.” Montevideo, Uruguay. Ediciones Tierra Nueva. La primera publicación es del año 1968.

Publicado por Río Bravo el 21 de enero de 2019.

 

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Las efemérides me aburren tremendamente. Son el lado más vago del periodismo. Las efemérides deberían servir para contar las historias paralelas y nunca contadas de las historias oficiales. Sino siempre se repite lo que ya está en wikipedia.

Se cumplen 50 años del día que el militar, dictador y presidente de facto Juan Carlos Onganía cortó la cinta inaugural que abrió el paso al cruce subfluvial entre Santa Fe y Entre Ríos. La historia de su construcción estuvo a cargo de personas mucho más agradables y menos nefastas que Onganía, que poco tuvo que ver más que para venir a cortar la cinta.

Pero lo que quiero contar es otra cosa. El nuevo Túnel debía ser recibido también con un acontecimiento cultural. Con el propósito de organizar los festejos de su apertura, el gobierno de la provincia de Santa Fe convocó a muchas instituciones para organizar lo que se llamó la Semana del Túnel o Expo Túnel desde el 6 al 13 de diciembre de 1969.

Fue José María “Cocho” Paolantonio, recordado como un activo miembro del movimiento teatral santafesino, y que por aquel año vivía en Buenos Aires trabajando como secretario de Extensión Cultural del Instituto Di Tella, quien propuso para la Expo a la artista argentina Lea Lublin, dado que, casualmente, había llegado de París, donde acababa de presentar dos instalaciones artísticas con mucho suceso:

"Lea Lublin aceptó la propuesta, ya que la misma se acercaba a su idea estética de generar arte interactivo que permitiera la participación de la gente vinculando el acontecimiento con la sociedad. Paolantonio cuenta `...para acentuar más esta decisión convinimos en que el título de la obra estuviera directamente vinculado con ella. De una reunión entre todo el equipo de la Secretaría nació lo del Fluvio Subtunal que significaba la respuesta artística a la construcción física. El nombre se le ocurrió a Luis Verdi´” . (El Litoral. 29/10/2010)

El visitante se metía en distintas habitaciones y atravesaba una experiencia, una especie de “arte experiencial”, combinado con el estilo de los happenings que surgieron en Nueva York y que en Buenos Aires también se hacían en el Di Tella, donde había una mezcla de arte callejero con una participación activa del espectador. Pero fue la primera vez que se ponía en práctica en nuestra ciudad, lo que significó un furor entre el público que pudo apreciarlo.

La obra de Lea Lublin fue la culminación de una serie muestras que ofrecieron a los santafesinos el encuentro con una forma artística hasta entonces poco conocida. La Expo Túnel fue un hito en la historia del arte de nuestra región, pero no sólo fue una muestra de vanguardia plástica sino también musical. Al respecto el músico y periodista santafesino Daniel Caminiti relata esta característica recordando aquel acontecimiento:

“Era la Expo 69, durante una semana hubo varios artistas que llegaron a la ciudad: Mercedes Sosa, la Porteña Jazz Band, el Gato Barbieri y también Almendra. Ahí lo escuché por primera vez a Luis Alberto Spinetta y descubrí lo que era la improvisación, la zapada en el rock, algo que no había visto nunca en mi vida”. (Daniel Caminiti - El Litoral. 10/03/2012).

Otro músico y periodista de la ciudad que también presenció aquella “Semana del Túnel” fue Hugo Tredici, y cuenta sobre la misma:

“Estaba terminando la escuela primaria, muy enganchado con toda la movida beat de la época: Los Gatos, Pintura Fresca, Trocha Angosta; y fui a la Expo Túnel, en el escenario que se armó en la costanera, a ver a Almendra como a un grupo más de esa movida. No reparé en que ese tipo que estaba cantando y tocando la guitarra luego iba a tener tanta influencia en mí. Yo conocía al grupo por un tema, Gabinetes Espaciales, que estaba en un disco que compilaba canciones de distintos grupos; recuerdo que al lado de El Extraño de Pelo Largo, o Sobre un Vidrio Mojado, de Kano y los Bulldogs, el tema aparecía como algo totalmente raro. Desde el sonido, desde la lírica de la poesía, uno se preguntaba ¿qué está cantando este tipo?”. (Hugo Tredici - El Litoral. 10/03/2012).

También tocaron grupos de rock de Santa Fe, que empezaban a surgir con canciones de autor en castellano como el grupo Them. Cuentan quienes estuvieron allí ese día que el público local aplaudió hasta más fuerte que a los capitalinos Almendra. Sin embargo no existen ni se han encontrado aún registros fílmicos, sonoros o fotográficos de aquellos recitales, por lo que sólo la memoria de quienes estuvieron presentes puede acercarnos con el relato de sus recuerdos las sensaciones y vivencias de los hechos ocurridos. El historiador santafesino Mario Daniel Andino estuvo presente también en ese recital de Almendra y lo cuenta así:

“Hubo una semana de festejos en la costanera donde se hizo la Expo Túnel, donde actualmente está el Parque de la Locomotora. Se había instalado un escenario donde tocaban distintos grupos musicales, de distintas corrientes, y entre ellos actuó Almendra. Spinetta vino a Santa Fe en su etapa inicial, muy fuerte, muy gloriosa… recuerdo personalmente haber estado, escuchar Muchacha ojos de papel con aquel flaco extraño que desde arriba cantaba con una voz un poco susurrante y que no tenía nada que ver con los cánones de los cantantes más gritones o que declamaban otra cosa. No fue un show masivo, habíamos quedado un pequeño grupo para escucharlos, pero se notaba ya que era algo diferente, y comenzaba una adhesión casi de culto con el público… hubo un culto desde el comienzo; no es que se mitificaron después, sino que creo que hubo un ‘darse cuenta’ desde el inicio que ahí había un nivel diferente”. (Mario Andino).

Por último el testimonio de Mario Zanor, plomo del grupo Them, recuerda lo que muchos hoy creen imposible, haber escuchado Almendra primero en vivo que en radio o en disco:

“Al comienzo la única forma de escuchar rock era yendo a los recitales. Después aparecieron el Peiso y Bergesio, pero era prácticamente nada lo que había en radio. Había que ir a ver a los grupos en vivo, porque tampoco era fácil conseguir discos. (…) Yo era plomo del grupo Them, porque colaboraba con mi hermano Horacio que tocaba la guitarra ahí. Y gracias a eso pude escuchar al grupo Almendra dos veces, una en Candy y otra en la Expo Túnel, donde recuerdo hicieron el tema Gabinetes espaciales que era una locura. Escuché a Almendra en vivo antes que por la radio o por discos...”. (Mario Zanor).

No se sabe con exactitud qué día Edelmiro Molinari, Rodolfo García, Emilio del Guercio y Luis Alberto Spinetta estuvieron en Santa Fe. Lo que sí se sabe es que entre el público también estaba Alcira Luengas, una joven estudiante de cine del Instituto de Cinematografía de la UNL, quien quedó deslumbrada con Almendra y decidió realizar un documental sobre el grupo. Esta realización tampoco es reconocida en la historia oficial de la filmografía del cine argentino y nadie recuerda a Alcira como una de las primeras documentalistas de rock de la Argentina. Pero esa es otra historia.

Reproducido por Río Bravo con autorización del autor el 13 de diciembre de 2019.

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A una semana de la fecha prevista para su inicio, lo único que hay de concreto sobre Feria del Libro de Paraná es la incertidumbre y la intención de sus principales protagonistas de que se realice. Sin embargo denuncian que pese a la planificación y organización previa, ya se modificaron la fecha y el lugar en varias oportunidades. Responsabilizan al intendente y a la secretaria de Cultura y exigen que se garantice la Feria.

Libreros, editoriales, asociaciones literarias, bibliotecas y escritores reclaman a la Municipalidad de Paraná que garantice la realización de la Feria del Libro que, según lo acordado en las diferentes instancias organizativas –de las que forma parte la Secretaría de Cultura encabezada por Magda Varisco– debería desarrollarse entre el 12 y el 15 de septiembre en la Plaza 1° de Mayo.

Sin embargo, según denunciaron en un comunicado enviado a Río Bravo, su realización pende de un hilo y exigieron al Estado municipal como al área de Cultura “que cumpla con los acuerdos sobre la realización de la Feria del Libro e inicie su promoción”.

“Otra vez nos mintieron. A menos de una semana del inicio de la Feria, la Municipalidad y su secretaria de Cultura, Magda Varisco, no cumplen con ninguno de los acuerdos: no publicitan la grilla de actividades, no invitan a la Feria, no sabemos si la Feria se va a realizar. Ellos mismos, bajo el argumento de la falta de presupuesto, la ponen en duda y no dan respuestas”, denunciaron.

En el texto resaltaron que, junto con la Municipalidad, organizaron la Feria con más de cinco instancias de reunión a lo largo de seis meses y para este año la fecha fue modificada en varias oportunidades. “Dos veces debimos elegir los lugares que ocuparían nuestros stands, acordamos con el municipio el precio y el pago de los mismos, aceptamos la propuesta de hacer la Feria en la Plaza 1º de Mayo, luego en la Plaza Alvear y finalmente otra vez en la Plaza 1º de Mayo, tenemos preparados exposiciones y presentaciones de obras desde el jueves 12 al domingo 15 con escritores paranaenses y de otros lugares del país que confirmaron sus participaciones, y todos nuestros libros están preparados para brindarle a la sociedad paranaense lo mejor de nuestros títulos como cada año”. Sin embargo, las señales que da el gobierno municipal hacen crecer la incertidumbre.

En este contexto, advirtieron que este tipo de situaciones tiene antecedentes y recordaron lo ocurrido hace dos años cuando, al llegar a la Sala Mayo, la propia gestión municipal les impidió hacer la Feria: “Sacó sus carteles y la canceló tras el argumento de que no habían advertido la cercanía a una fecha electoral. Fuimos los libreros y editores quienes nos plantamos y decidimos abrir la Feria igual. Hoy debemos hacer lo mismo. Sin embargo, esta vez la Sala Mayo no se puede utilizar y contamos con las carpas que la Municipalidad acordó contratar para poder realizarla”.

Los libreros manifestaron que la Feria del libro “no es solo una cuestión económica” y destacaron que han podido sostenerse en el complicado escenario económico del país “gracias a los lectores”, por lo que “la Feria del libro de la capital provincial es para ellos”. “Creemos que no debería hacer falta darle argumentos a la Secretaría de Cultura municipal y a los funcionarios locales sobre la importancia de la lectura en nuestra sociedad”, agregaron.

Tras expresar su enojo y preocupación, pese a las adversidades se mostraron “con todas las ganas” y “preparados para una gran Feria del Libro”y responsabilizaron al intendente Sergio Varisco, sus funcionarios y la Secretaria de Cultura Magda Varisco de que la Feria se haga.

El texto lleva las firmas de Rosana Pittia (Librería del Ateneo de Paraná SRL), Emilce Donda (Librate), Osvaldo Alberto Seita (Libreria KLAXIKA), Pedro Juan José Demonte y Juan Sebastián Demonte (El Templo del Libro), Pablo Felizia (Ana Editorial), Juan Pablo Vicentín, Juampi Mosaénicas (Criaturas de papel), Laura Martincich y Armando Salzman (Editorial Fundación La Hendija), Sociedad Argentina de Escritores (SADE Entre Ríos), Asociación de Escritores de Entre Ríos (AEDEER), Delta Editora, Carina Mattio (Editorial Didasko), Adriana Esquivel (escritora), Francisco Vanrell (El Oso Libros), Ana Clara Knopp (Saltacharcos Libros), Joaquín Díaz (Vaporeso Libros), Isabel Rodríguez Varela (San Pablo Paraná) y Fabio Mujica (Librería San Francisco Javier).

Publicado en Costa del Paraná

El viernes 7 de junio, Pablo Felizia presentará Desaparición y muerte en bicicletas rojas (Ana Editorial), un libro de cuentos basados en hechos policiales entrerrianos. La iniciativa será a las 19.30 en la Biblioteca Popular del Paraná de calle Buenos Aires 256. Del encuentro participará el Grupo Arandú de teatro de la capital provincial. Para la realización de esta obra, el autor recibió una beca del Fondo Nacional de las Artes. La entrada es libre y gratuita.

La cita de este viernes promete sorpresas y buenas lecturas, además del intercambio con el autor sobre esta nueva obra que consolida su propia producción y la de Ana Editorial, una pujante, creativa e insistente editorial entrerriana que ya se ha ganado su lugar entre los lectores de la región. Pablo Felizia es el autor del libro Crónicas Patrias, que ya lleva dos ediciones, con amplia repercusión en la provincia y fuera de ella, reconocimiento oficial y sostenida circulación en escuelas y otras instituciones culturales. El mismo transforma en cuentos las historias reales de combatientes de Malvinas entrerrianos.

El libro

Desaparición y muerte en bicicletas rojas consta de siete cuentos. El primero, el que le da nombre al libro, fue publicado por primera vez entre enero y febrero de 2014, a modo de folletín, en Diario Uno de Entre Ríos. Un año separó la desaparición de Sebastián Ortiz y Juan José Pocho Morales en San Jaime de la Frontera. Los dos vendían en la calle, tenían sesenta y seis años, eran pelados, fueron vistos por última vez minutos antes de las 20:30 en la misma cuadra céntrica y al momento de desaparecer ambos andaban en bicicletas rojas. Esa es la historia real, la historia judicial, en este libro hay ocho capítulos que pertenecen a la ficción, pero caminan por la cornisa de los hechos reales.

Dos pescadores de Bajada Grande fueron protagonistas de varias páginas policiales en junio de 2009. Un puntazo fue suficiente para dar muerte a un hombre entre los puestos de pescado, a metros del río. El hecho fue la excusa para Cachorros, el segundo cuento que integra este libro.

Los poetas de Ramírez es la historia de un grupo de jóvenes dispuestos a repartir sus poesías el día de la inauguración del Túnel Subfluvial Raúl Uranga–Carlos Sylvestre Begnis. El 13 de diciembre de 1969, Juan Carlos Onganía y los interventores de Entre Ríos y Santa Fe, cortaron la cinta que abrió este paso por debajo del río. El cuento es una historia de amor y de lucha y, en esas circunstancias, de traiciones y muertes. En el relato fue reconstruida una ciudad distinta, detenida en el tiempo, esperanzada ante la obra que le cambió la vida; fue publicado por primera vez en dos partes, en el Diario UNO, en enero de 2015.

En diciembre de 2001, fue asesinado bajo las balas de la policía José Daniel Rodríguez, militante de la Corriente Clasista y Combativa. También murió Romina Iturain y Eloísa Paniagua, todos casos en donde la impunidad fue protagonista. Tengo hambre, José es un pedido de justicia, una venganza poética y obtuvo una mención en un concurso organizado por la Biblioteca Popular del Paraná en 2011 y fue publicado por primera vez en una antología editada por esa institución.

El suicidio dudoso de un joven en Gualeguaychú, llevó al investigador Juan Carlos Muñoz a recorrer la autovía, llegar hasta Villa Paranacito y desandar una historia de narcotráfico y mentiras. Inversión a futuro es el título del cuento.

La victoria de los visitantes nocturnos tiene entre sus protagonistas a Silvia Pérez Simondini y a su hija Andrea. Ellas abrieron con gran esfuerzo y pasión un museo en Victoria que se llena de turistas, apasionados por la temática, científicos y curiosos. Hace más de veinte años fundaron Visión Ovni, un grupo de investigación del fenómeno con especialistas en todo el país y se convirtieron en referentes de la ufología argentina. El cuento apareció por primera vez en mayo de 2014, también en Diario Uno; es una ficción llena de experiencias reales a partir de una entrevista de tres días a las dos mujeres. El peritaje ante la mutilación de ganado, de marcas en el suelo y de luces que aparecen a lo lejos forman parte del trabajo de estas ufólogas, como así también la búsqueda y el análisis de documentos y expedientes oficiales sobre el fenómeno.

31 (La Luz) es el cuento que cierra este libro. Como los demás, está basado en hechos reales. Otra vez, pero cuatro años después y frente a una enfermedad que amenaza con dejarlo ciego, el investigador Omar Domingo fue en la búsqueda de la verdad. Llegó hasta Febre para encontrarse con la señora Esther, vidente y sanadora. La mujer le dijo dónde está Pocho Morales.

Publicado por Río Bravo el 2 de junio de 2019.

Publicado en Cultura

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