Martes, 14 Febrero 2017 19:34

Detrás de la pelea por el fútbol argentino

Escrito por Leandro Gillig

La televisión, los dirigentes del fútbol argentino, los multimedios extranjeros, el gobierno y sus promesas, las sociedades anónimas, la privatización, apuestas; todo mezclado en un panorama que consolida al fútbol argentino como un negocio de pocos en el que el público y el juego son las víctimas principales.

En los últimos días se ha venido discutiendo sobre la televisación y el inicio del futbol argentino, y esto ha dado lugar a todo tipo de maniobras mediáticas. La suma que los dirigentes piden es de alrededor de 3.200 millones por la televisación. Empresas como Fox-Turner y ESPN han realizado distintas propuestas. Desde ya estos costos estarán financiados por los televidentes que deberemos pagar un abono mensual que se supone será de alrededor de 300 pesos para ver solamente los encuentros principales. 

Esta situación no escapa a un contexto nacional donde el gobierno de Mauricio Macri ha tomado la decisión de transferir el costo de los subsidios de distintos servicios públicos,  al conjunto del pueblo argentino, perjudicando a los sectores populares en beneficio de los grandes monopolios.

En medio de esto se da la disputa por la conducción de la nueva  AFA ya normalizada  y la superliga.

La comisión normalizadora fue nombrada para manejar la transición hasta las nuevas elecciones, luego del bochornoso acto electoral que enfrentó a Marcelo Tinelli con Luis segura y donde entre 75 votantes  hubo un empate en 38. Esta comisión fue impulsada por varios dirigentes del fútbol, entre ellos Daniel Angelici, a quien se le adjudica ser operador judicial de Mauricio Macri. A la vez Fernando Marín (coordinador de Fútbol para Todos) y el secretario general de la Presidencia, Fernando de Andreis,  opositores a Angelici pero también del riñón del presidente, lograron poner gente en dicha comisión. Marin es conocido por su paso en el gerenciamiento de Racing, impulsando el modelo de S.A (Sociedades Anónimas).  A partir de esto, el presidente de boca comienza a tejer otras  redes con “chiky” Tapia, hombre fuerte del ascenso vinculado con Moyano, lo que no cayó bien en el seno del macrismo.

Por otro lado está Marcelo Tinelli (de vínculos con ESPN), quien tampoco responde directamente a Macri, y que de ganar su interés está en llevar adelante un viejo anhelo de varios empresarios, y es el negociado de las apuestas legales antes conocido como “Prode”.

Desde distintos sectores de las clases dominantes utilizan los servicios de inteligencia para tirarse con audios y carpetazos, y los medios de comunicación son parte del negociado.  Lo que está detrás es una gran torta de dinero para unos pocos, los perjudicados somos los mismos de siempre, los sectores populares, y el futbol como juego.  

Pero más allá de esta coyuntura puntual, nos merecemos un debate profundo sobre el lugar que ocupa el futbol en la vida de los argentinos, y en función de eso el lugar del Estado en el futbol. 

Los clubes en peligro de extinción

El capitalismo y su sistema que excluye a millones nos quita y nos roba constantemente espacios y derechos, y el futbol no escapa a esto. La urgencia de ganar para ganar dinero impone en el juego su impronta, su lógica, sus valores, donde el jugador es un producto y los espectadores son meros consumidores.

 Clubes que deberían ser asociaciones sin fines de lucro, están transformando su lógica,  se han ido alejando de su función social y han pasado a estar presididos por grupos empresarios sin ningún tipo de control, dándole lugar a negociados, corruptelas, disputas de poder y violencia,  con la complicidad el estado y la AFA. 

La composición de los sectores que asiste a los estadios de a poco se ha ido modificando, si bien no ha cambiado radicalmente como en otros países: el mercado necesita espectadores de buen poder adquisitivo que consuman, que sean capaces de pagar altos montos de entradas, cuotas de socio, palcos, que “gasten dinero” dentro del estadio y la tienda del club. Esto de a poco va alejando a los sectores populares  más empobrecidos.

A nivel mundial los grandes monopolios y magnates, sumado en el último tiempo a empresarios rusos, chinos y estadounidenses, se han adueñado de innumerables clubes en todo el mundo, principalmente en Europa. La mayoría de los clubes son Sociedades Anónimas donde solo tienen decisión un grupo minoritario de accionistas, los socios ya no votan.

Los árabes de los emiratos han invertido en clubes como el PSG de Francia y el Manchester City, mientras que empresas chinas, aparte de las multimillonarias contrataciones que han realizado el último tiempo en su liga, como la de Carlos Tevéz o el brasileño Oscar, también han salido a comprar varios clubes, como en Italia el Inter y el Milán, pagando sumas del orden de los 750 millones de euros por cada club. También en España compraron 20% de las acciones del Atlético de Madrid, y el 56% del Español de Barcelona, entre otros.

Los yanquis no se quedan atrás, luego de que el F.B.I. lanzara una gran investigación sobre FIFA, empresarios Estadounidenses salieron a comprar acciones de poderosos clubes como Manchester United, Arsenal, Liverpool entre otros.

El objetivo es la ganancia a partir de la explotación del espectáculo, las transmisiones de tv y las multimillonarias transferencias, entre otras cosas, también lo utilizan como plataforma para carreras políticas, o blanquear capitales. Claro esta que esta lógica aleja a los sectores populares de los estadios. 

 En España, en algunos clubes como Real Madrid o Barcelona, si bien no son Sociedades Anónimas, las entradas cuestan alrededor de 450 euros, mientras que el salario medio de un español es de 1500 euros mensuales.

En Inglaterra, por ejemplo, la mayoría de los clubes son de grupos económicos o empresarios, como el ruso Román Abramóvich, dueño del Chelsea. Las entradas son inaccesibles para un trabajador promedio. En el último clásico de Londres entre Chelsea vs Arsenal, las entradas populares costaban el equivalente a 5.500 pesos argentinos.

Esta situación ha generado una profunda crisis, pero principalmente un total y absoluto  desprecio al juego en sí.

El periodismo deportivo “farandulizado”

Una buena parte del periodismo es cómplice y opera en esta situación. Interminables horas de programas de “debate” discutiendo transferencias, peleas entre planteles, chicanas entre dirigentes, aprovechan la atención que despierta  el sentimiento de la gente hacia los clubes para hacer programas de entretenimiento, donde del juego en sí se analiza poco y nada. Lo que importa es el rating y la cantidad de tuits para vender publicidad.

Tener la primicia, lo fácil y lo rápido, el consumo de información está determinado por  esto y provoca que en muchos de esos programas se opine con un alto grado de irresponsabilidad, y el nivel de argumentación sea muy escueto.

De ese modo en su gran mayoría analizan los partidos de una manera muy sesgada: si lo único que importa es el resultado, el que ganó hizo todo bien y el que perdió todo mal, un resultado negativo pone en discusión la integridad de cualquier persona.

Una de las frases más escuchada en el último tiempo es “argentina llegó a tres finales y perdió las tres”, pero muy poco se habla de cómo y por qué  llego y cómo y por qué perdió.

A jugadores que viajan 20 hs en avión para jugar en la selección,  si definen mal una jugada en un momento decisivo, se los trata poco menos de traidores a la patria. 

Asuntos relacionados con las divisiones inferiores de los clubes y con la selección, empiezan a preocupar únicamente cuando va mal el resultado  en algún  sudamericano o mundial sub 20 o sub 17, ahí se anotician de que muchas cosas se están haciendo mal.

El periodismo subestima al público, todos estos elementos mezclados han aportado a que la relación entre el público y el conocimiento del juego  se haya ido deteriorando.

El público y La lógica del mercado trasladada al juego

“Para el mercado lo único importante es vender, y en fútbol sólo vende el que gana. El placer de jugar, la simple alegría, son defectos de perdedores, la sociedad hace un culto a la eficacia”. Esto dijo Ángel  Cappa en un artículo publicado en 1995 en la revista Descenso y que se tituló “La ética del buen juego”.

Los equipos  ya no generan identidad con la gente a partir de procesos o de juego, nos han hecho creer que lo único que importa es ganar  y la única identificación que existe con el equipo es cuando gana. Los jugadores para algunos vienen a cumplir la función de máquinas sin sentimientos a las cuales el espectador cree que puede decirles cualquier cosa: automáticamente cualquiera pasa a ser “pecho frío”,  que “no pone la patita” o, lo peor, “se viene a robar la guita del club”.

Muchos jugadores que son ídolos temporales condecorados como reyes  en los clubes y utilizados con el objetivo de venta de camisetas, indumentaria, publicidad, etc..; le muestran al mundo una vida que muy pocos jugadores tienen. Esta fábula genera la  idea de jugadores ricos y clubes pobres cuando la realidad indica otra cosa. En la argentina, si sumamos todas las categorías, la gran mayoría de los jugadores no vive del futbol, y de los negociados millonarios que se realizan es mucho mayor el porcentaje de empresarios y representantes que los del propio jugador y mucho menos los clubes.

El despido de directores técnicos es moneda corriente, cualquier proceso se pone en discusión si el equipo pierde 3 partidos seguidos. En este contexto histérico se hace muy difícil llevar adelante procesos a largo plazo que son necesarios, el miedo a perder se apodera de los equipos, y el resultado es un futbol deslucido y aburrido, donde el “ganar como sea” confunde la viveza y la picardía con hacer trampa. 

En muchos casos la formación en divisiones inferiores no escapa a esta lógica. Se prioriza los resultados en vez de la formación de jugadores, hay muchos entrenadores que intentan escalar hasta llegar a primera y no priorizan la formación integral del jugador, si a esto le sumamos que cualquier pibe que juega bien 5 partidos en la primera ya es vendido al exterior,  entonces se aceleran los procesos de quienes vienen atrás sin a veces la suficiente maduración. Debutan en un sistema perverso donde si tienen una mala actuación tal vez su nombre desaparezca por mucho tiempo.

Recuperar el fútbol

El fútbol surge entre los sectores obreros y populares de Inglaterra a y desde allí se fue diseminando por todo el mundo.  Su carácter lúdico, colectivo y solidario, nos hace entender que no es casualidad que el futbol  aparezca como patrimonio de los pobres.

El futbol en el corazón de los argentinos ocupa un espacio importantísimo, porque, como diría Menotti, “en la Argentina el futbol es un hecho cultural” y es así porque acá se juega desde que uno tiene uso de razón, y solo se necesita una pelota o unas cuantas medias viejas, un par de piedras que hagan de arco y ya está, ahí no más se arma el picadito. Para nosotros es una herramienta educativa, que en el juego nos transmite valores y vivencias.

Y esto se encuentra presente, son cada vez más numerosas las ligas independientes o torneos donde las barriadas arman equipos y hasta han llegado a constituir clubes por fuera de la lógica comercial propuesta por las SA. También a finales de 2016 se estableció una coordinadora de hinchas donde entre otras cosas se discute cómo enfrentar este nuevo avance que apunta claramente a la privatización de los clubes. 

En este marco es que se da la discusión sobre la televisación del futbol en la Argentina. En un país donde el futbol es tan caro a los sentimientos de la gente, querer cobrar para ver los partidos es un disparate.

Es necesario recuperar la función social de los clubes y oponerse fervientemente el ingreso de las S.A  que sólo sería darle un marco legal a los negociados que ya existen, y profundizarían la crisis económica y de sentido social de los clubes.

En un contexto muy complicado para los sectores de la población más golpeados, el fútbol y los clubes deben ser herramienta  e instrumento de refugio, de ayuda; no un elemento más de opresión y de negocios.

Publicado por Río Bravo el 14 de febrero de 2017.