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Martes, 17 Agosto 2010 02:31

¿Reglamentar la expoliación o ejercer soberanía?

Escrito por Claudio Puntel

En el marco del debate abierto por el aumento anunciado de las tarifas de la luz y el gas; de las restricciones a industria para el consumo de energía (entre ellas, algunas fábricas de Gualeguaychú) indagamos en esta nota acerca de las causas históricas y actuales de la crisis energética en el país.

“Le costará comprender
por qué este petróleo nuestro,
lo industrializan tan lejos
y el subproducto después
vuelve a su tierra otra vez,
sabe Dios por qué manejos”.
(León Gieco – El Embudo)

La Nación sabe lo que dice. Y cuando leemos sus artículos, sabemos en nombre de quiénes lo dice. El domingo pasado, una nota firmada por Diego Cabot, desgranaba algunas cifras estremecedoras sobre los costos del subsidio estatal a las empresas distribuidoras de energía en la Argentina.

El artículo destaca que por segundo se van 254 pesos en subsidios estatales a las empresas de gas, electricidad o petróleo; cifra que fue aumentando con el tiempo. Para poder comparar el incremento, Cabot nos ilustra que en 2004 los subsidios al sector fueron de $ 418 millones, mientras que el año pasado, ascendieron 16.077 millones.

Al leer las cifras, mi vecina se asusta primero y se enoja, después. Vaya alguien a tranquilizarla, justo a ella que hace 15 días tuvo que pasearse por toda la ciudad con una garrafa a cuestas y cuando al fin pudo volver a su casa había gastado 35 pesos, en vez de los 16 que se anunciaban.

Cabot anuda la crisis energética a esta política de subsidios; para él, la causa del déficit está en la falta de exploración de pozos de petróleo –algo en lo que todos coincidiríamos. El problema surge cuando explica que las exploraciones se redujeron por la falta de reglas claras para los inversores y que esas reglas poco claras eran, principalmente las “tarifas poco competitivas”. A esa altura de la nota, mi vecina ya empezaba a masticarse la bufanda. Ya no quise escuchar los gritos de esa mujer cuando se enteró que el articulista pontifica que en Brasil, una tarifa de gas bimestral es de 1044 pesos, 27 veces más cara que en la Argentina. Ahí es donde quedan más claras las diferencias que tenemos con La Nación y con estas políticas de subsidios que en el fondo ponen al estado al servicio de los monopolios.

¿Reglas más claras o nacionalización?

Perón decía que en economía, “o planifica el estado, o planifican los monopolios”; eso, durante su gobierno que era nacional, popular, reformista y antiimperialista. Otra cosa es cuando nos encontramos en un estado oligárquico imperialista como el que se fortaleció en la Argentina luego de la dictadura militar.

En 1989, cuando YPF y Gas del Estado eran estatales, había casi 40 años de reservas de gas, 18 años de reserva de petróleo y 5 millones de usuarios de gas por redes. Casi la totalidad (95 %) de las reservas de hidrocarburos del país, fueron exploradas por YPF.

La estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales dominaba todas las etapas del proceso: exploración, perforación, extracción, transporte, refinado, comercialización, investigación. Al igual que con el gas, continuado luego desde 1945 por Gas del Estado y el complejo de empresas estatales creadas por el gobierno peronista. YPF promovió el desarrollo de proveedores nacionales, el dominio de las tecnologías y técnicas asociadas, la promoción de zonas despobladas, la formación de obreros, técnicos y profesionales especializados. Con la renta del petróleo bajo el dominio estatal Argentina pudo construir caminos, vías férreas, toda la infraestructura hidroeléctrica, la red de gasoductos internos.

Durante la última dictadura, YPF fue endeudada y obligada a tomar préstamos que iban a manos del tesoro. En aquel período comenzaron las concesiones a privados, abriéndoles las puertas a “empresarios nacionales” como Soldati y Pérez Companc.

En 1989, Menem comenzó la privatización total de YPF, entregada por chauchas y palitos a Repsol. Con ese proceso, la renta de la explotación de nuestros recursos energéticos fue transferida a monopolios y capitales imperialistas.

Las penas y las vaquitas

En la década del 80, YPF perforaba 115 pozos de exploración por año; entre 2000 y 2008, esa cifra cayó a 7 pozos anuales (6,3 de petróleo y 0,7 de gas). Esto no se debe –al contrario de lo que afirma La Nación- a falta de reglas claras para los inversores privados; sino a la extranjerización de nuestros recursos estratégicos.

El modelo agro-minero-exportador, favorece el negocio de la apropiación de un recurso energético básico por los países desarrollados que así se aseguran una materia prima valiosa y escasa, agregándole valor tecnológico a bajo costo en plantas industriales que los argentinos no controlamos.

Una petrolera invierte entre 6 y 10 dólares para la extracción de un barril de petróleo, que luego es vendido a 100 dólares (en 2008, la cifra osciló entre 100 y 140 dólares); no hace falta decir que luego no invierte esas ganancias en el país; dado que sigue vigente la prerrogativa por la cual las exportadoras no están obligadas a ingresar al país el 70 % de lo facturado.

No sólo cayeron las exploraciones de las cuencas de hidrocarburos, sino que además decreció la capacidad de refinación del crudo; de industrialización de la materia prima petroquímica, etc. Y todo esto tiene sus consecuencias que van más allá de la escasez y encarecimiento para el usuario, sino que además se fortalece el retraso industrial y la dependencia tecnológica del país.

Mi vecina, penando por una garrafa en invierno o para que no se le corte la luz a la siesta en el verano, le da la razón a Enrique Mosconi, cuando en la década de 1920 decía que se debe “dotar a la Nación de la conveniente legislación del petróleo cuando por imprevisión se han acordado derechos y se ha puesto en acción el interés del capital privado nacional, y especialmente del capital extranjero, es obra ardua y patriótica”. Y aseguraba que “Una nueva adecuada solución dará a los pueblos latinoamericanos beneficios de orden moral, económico, político y social. Una mala solución producirá efectos diametralmente opuestos, como nos lo demuestran las graves dificultades y los grandes males que han experimentado los países que no han resguardado debidamente su riqueza minera. El problema argentino espera aún esa grande y definitiva solución”.

Modificado por última vez en Martes, 17 Agosto 2010 02:35

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