Domingo, 28 Marzo 2021 11:50

Hidrovía y litio: la soberanía y nuestro desarrollo en juego

Escrito por Lucas Milocco
El fin de las concesiones menemistas sobre ferrocarriles y puertos, abre el problema de la soberanía real argentina. Pero si los convenios se estipulan con fechas, el espíritu que los constituye puede bien seguir siendo el mismo, aunque venzan contratos y se abran o cierren ciclos. La matriz liberal que entregó la soberanía Argentina en los 90, sigue siendo el fuelle detrás del fuego que incinera nuestro país. En torno a la hidrovía y el litio hay dos problemas estratégicos que el pueblo debe resolver a su favor. Pero en su contra y engañosamente, una caravana mediática de periodistas, economistas y políticos no deja de vociferar que nuestro país, por su historia y sus características, necesita de las inversiones extranjeras para su desarrollo. El usufructo extranjero de nuestras riquezas parece ser el modelo.

A inicios de marzo la socióloga y exlegisladora por Proyecto Sur, Alcira Argumedo, denunciaba que “entre el contrabando minero y el agrícola, se fugan 30.000 millones de dólares por año"i. La maniobra de las empresas, en el sector minero por ejemplo, es declarar la exportación de sólo tres metales: oro, cobre y molibdeno, y no declarar las exportaciones de las llamadas “tierras raras” que están compuestas por minerales como el cromo, titanio, cerio, cobalto, cesio, lantano, lutecio, níquel, escandio, tantalio, terbio, torio, uranio, tungsteno, entre otros, y que se obtienen de la explotación de los tres primeros. La minera denunciada es La Alumbrera (canadiense), pero se supone que en realidad es una práctica común en todo el sector minero, que desde el boom minero de los 90 se encuentra totalmente extranjerizado. El Valor Anual del Producido No Declarado por La Alumbrera asciende a 8.266 millones de dólares

En cuanto al sector agrícola, explica Argumedo, el contrabando de granos parece ir por dos caminos principales: “por una parte, los camiones por tierra hacia Paraguay, Bolivia y Brasil, junto a lanchones que van río arriba; por otra, el contrabando en la línea de flotación de los buques: en los depósitos de lastre donde debiera haber agua para establecer la línea de flotación de los buques, el agua se reemplaza por granos de contrabando: se estima que a través de esta trampa cada buque puede llevar como mínimo entre 1000 y 1500 toneladas de granos”.

Pareciera increíble que siendo la Argentina un atractivo país para sus inversiones, no satisfechos de las exuberantes ganancias que obtienen casi sin costos, las corporaciones extranjeras tienen, además, la necesidad compulsiva del contrabando. A propósito de esta actitud, Carlos Marx decía, sobre el empresariado de su época, que cuanto más se les da, más se arrogan; lo que da a pensar que cuanto más le ofrece nuestro país sus riquezas a las corporaciones extranjeras, más creen ellas que les corresponde. En definitiva, el contrabando no es una excepción, como suele aparecer en los medios de comunicación, sino la regla de las llamadas inversiones extranjeras.

El desarrollo argentino

Desde todo el arco de la economía “seria”, se repite sin cesar, que por sus características y su historia, el desarrollo de la Argentina necesita inevitablemente la inversión extranjera. Que cualquier atisbo de desarrollo autónomo y soberano es volver al pasado. Vemos por los distintos medios de comunicación el desfile de economistas y políticos que hablan con conceptos vagos como: reglas de juego claras, competitividad, estabilidad tributaria y cambiaria, desarrollo del mercado de capitales, integración inteligente al mundo, alianza estratégica, economía ordenada, reducción del gasto público, seguridad jurídica, entre otras palabras que no expresan más que convicciones engañosas. Pero el desengaño comienza con la desazón. Tantos años de diatriba liberal y los resultados caen por su propio peso: la realidad lisa y llana, un país rico para los ricos.

Desde todo el arco de la economía “seria”, se repite sin cesar, que por sus características y su historia, el desarrollo de la Argentina necesita inevitablemente la inversión extranjera. Que cualquier atisbo de desarrollo autónomo y soberano es volver al pasado.

Hablar de los 90 para referirnos a un modelo económico no es un mero capricho. Más bien es despertarse y lavarse la cara, porque “el modelo” de dependencia sigue tal cual fue pergeñado, por lo menos desde la dictadura, y consolidado en los ‘90. En aquellos años fue muy difundida la idea de “relaciones carnales” con los Estado Unidos. Y por dichas relaciones se vanagloriaba Carlos Escudé como el ideólogo genial. El principio que orquestaba las relaciones carnales con “el modelo” era la teoría del realismo periférico. Según esta teoría (que para ser rigurosos no es una teoría, porque está fundada en opiniones unilaterales y puramente subjetivas), Argentina debía aceptar el lugar que le tocaba en suerte, que por su naturaleza no era otro que el de exportador de materias primas. Pero con esto no era suficiente. Sus gobiernos debían estar atentos a los cambios en el poder internacional, porque la estrategia inteligente es estar al lado del más fuerte y no provocar su enojo, para evitar el castigo. Y cualquier señal de soberanía, cualquier indicio de confrontación con los intereses mundiales, era motivo de sanción. Para Escudé, el desarrollo argentino pasaba por desmantelar la industria nacional, desarmar a sus habitantes (o reducir al mínimos sus FFAA, junto a la hipótesis del enemigo interno como conflicto), abandonar el reclamo por las Malvinas, seducir capitales de inversión, entre otras perversidades. Por eso Escudé estuvo muy orgulloso de las relaciones carnales con Estados Unidos durante el menemismo, al igual que durante el kirchnerismo estuvo muy eufórico por la “alianza estratégica” con Chinaii.

En fin, realismo periférico como doctrina y fundamento, los personajes que desfilan en la agenda de los medios, son emisarios de las clases dominantes para construir consenso social. Construyen discursos para incidir en la subjetividad y se obstinan en generar convicciones que de forma astuta y artera intentan pasar por naturales, lógicas e inevitables. Toda la charlatanería “seria” de la estantería mediática, las celebridades de las teorías “sólidas”, no hacen más que dañar. Es la vieja doctrina remasterizada, la misma contra la que lucharon los revolucionarios de mayo. ¿Cómo salir de los postulados absurdos que difunden las clases dominantes? Pues bien, una lección es la que nos dice Raúl Scalabrini Ortiz en Bases para la reconstrucción nacional: “Para defender el suelo de la patria, usted necesita saber manejar el fusil de guerra. Para defender su riqueza —en que está comprendido su bienestar— usted necesita instruirse en la técnica de esa explotación que en la jerga contemporánea se denomina ‘imperialismo económico’, en que todas las palabras se usan al revésiii.

(...) realismo periférico como doctrina y fundamento, los personajes que desfilan en la agenda de los medios, son emisarios de las clases dominantes para construir consenso social. Construyen discursos para incidir en la subjetividad y se obstinan en generar convicciones que de forma astuta y artera intentan pasar por naturales, lógicas e inevitables.

La hidrovía

Durante el gobierno de Alberto Fernández se vencen las concesiones menemistas en ferrocarriles y puertos (entre 2021 y 2024). Está por estos días, tras el caso Vicentín que puso sobre la mesa la problemática, la discusión sobre la recuperación de la Hidrovía. El libro de Luciano Orellano, Argentina sangra por las barrancas del río Paraná, es una excelente investigación sobre lo que no se hablaba: un manantial de riquezas para ricos, el despojo de la soberanía por las potencias imperialistas y un pueblo sumido en la pobreza y la desigualdad. En la Batalla de la Vuelta de Obligado (1845), en aguas del río Paraná, el pueblo enfrentó a los ingleses y franceses para defender la soberanía sobre nuestros ríos, su riqueza y su comercio. Fue una batalla consecuente a la proclama patriótica de Belgrano de “¡Ni amo viejo, ni amo nuevo, ningún amo!”. Este es el faro que aún debería iluminar todas nuestras luchas presentes. Las políticas menemistas de concesión abrieron a la Argentina al saqueo imperialista. En los 90, el “sólido” teórico liberal Carlos Escudé llamó a esta actitud lacaya “realismo periférico”. En los últimos años de su vida, Escudé también aplaudió la “alianza estratégica” que el kirchnerismo trazó con China, porque se trata de lo mismo: relaciones carnales con quién comanda la economía mundial y China 2.0 es una gran locomotora. Integración inteligente al mundo, alianza estratégica, capital de desarrollo… no es más que la “solidez teórica” de la política de la pleitesía antipatriótica.

En la Batalla de la Vuelta de Obligado (1845), en aguas del río Paraná, el pueblo enfrentó a los ingleses y franceses para defender la soberanía sobre nuestros ríos, su riqueza y su comercio. Fue una batalla consecuente a la proclama patriótica de Belgrano de “¡Ni amo viejo, ni amo nuevo, ningún amo!”.

Argentina sangra por las barrancas del rio Paraná, es una radiografía del impune saqueo a nuestras riquezas. Con datos, nombres y números Orellano expone lo que es sencillo, lo que los medios de comunicación ignoran a propósito, la sombra fuera del cono de luz mediático: que la producción, el almacenamiento, la comercialización, el transporte y el mantenimiento de las vías navegables no es en beneficio de la nación Argentina, sino de un puñado de empresas extranjeras. Empresas que además obtienen ganancias millonarias con la defraudación (balances dibujados, “autodeclaraciones” juradas y contrabando) a riesgo de nada. A través de un reguero de puertos de propiedad extranjera y con embarcaciones intrusas, se llevan millones de toneladas de alimentos que el pueblo no disfruta. Como gesto trágico hacia los héroes de Obligado, la Argentina de hoy es una bóveda abierta para quien quiera entrar y tomar a piacere lo que le convenga para su industria.

Escribe Orellano: “Los granos son un recurso básico, primordial y estratégico. Representan alimento para miles de millones que habitamos este mundo. Sin embargo, todo lo que rodea su comercio y a sus “traficantes” parece oculto, oscuro, misterioso y desconocido. Poco o nada se sabe sobre cómo funcionan, cuáles son sus ganancias, cuánto pagan de impuestos, qué influencias tienen sobre nuestra política interna y externa, etc.”. En el mismo sentido, agrega también que “hay un profundo desconocimiento sobre quiénes controlan y en manos de quiénes están el río Paraná, los puertos, la marina mercante, el comercio”. Pues bien, sólo un puñado de corporaciones en su mayoría extranjeras, posee el control del complejo portuario-fabril argentino, uno de los más importantes del mundo: Cargill (EE.UU), Archer Daniels Midland – ADM (EE.UU), Bunge (EE.UU), Louis Dreyfus Company – LDC (Francia), COFCO (China), Nidera (China), Glencor-Renova-Grupo Moreno (Inglaterra y Suiza), Aceitera General Deheza – AGD (Argentina), Molinos Río de la Plata (Estados Unidos y Argentina) y Asociación de Cooperativas Argentinas (Argentina).

Como gesto trágico hacia los héroes de Obligado, la Argentina de hoy es una bóveda abierta para quien quiera entrar y tomar a piacere lo que le convenga para su industria.

Vicentín formaba parte de este selecto grupo, antes de producirse su fraudulento vaciamiento. La posibilidad de intervención estatal en el sector hubiera servido para demostrar y exponer que el Estado, de hecho, no tiene ningún control sobre el comercio exterior, no tiene el control de los puertos ni tampoco del transporte fluvial y marítimo, por lo que una empresa bajo control estatal en el sector conllevaría grandes beneficios estratégicos, en cuanto al comercio, los precios de los granos, la pequeña producción campesina y el mercado laboral.

El litio

Pero las concesiones menemistas sobre puertos y ferrocarriles también desvela la rapiña sobre todo el suelo de la patria. La megaminería intrusa es un caso espeluznante de herejía cruel sobre un cuerpo vivo, es contaminación y tierra arrasada. Argentina es rica en yacimientos de minerales metalíferos a lo largo de toda la cordillera. Encontramos yacimientos de oro, plata, cobre, molibdeno, plomo, zinc, antimonio, magnesio, rodocrosita, casiterita, paladio, uranio, hierro y litio en las provincias de Catamarca, Jujuy, Rio Negro, San Juan, Santa Cruz, Neuquén y Mendoza. Durante el menemismo a la inversión extranjera en minería se la llamó el “boom minero”, y consistía básicamente en traicionar los principios por los cuales el Gral. Manuel Savio impulsó la siderurgia argentina: generar en nuestro país, las condiciones para desarrollar la industria nacional pesada. Desde boom minero de los 90 al Plan Nacional Minero de hoy, la matriz liberal extractivista se mantiene incólume. Veamos un ejemplo.

El Consejo Federal Minero (CoFeMin), es un organismo que depende del Ministerio de Desarrollo Productivo y en su sitio web, en la sección de Actas e Informes, bajo el título “Competitividad y atractividad de inversiones de la minería argentina”, se puede apreciar una vergonzosa diapositiva que, a modo de PowerPoint didáctico, explica a los inversores extranjeros por qué Argentina es una tierra más que deliciosa. El mismo título deja ver el seno ideológico operante y de allí para abajo es más de la cantinela liberal: el realismo periférico argentino no tiene otra opción más inteligente que el ofrecimiento de su riqueza natural para provecho de las industrias extranjeras. (Aunque el informe tiene fecha de diciembre de 2017, publicado durante el gobierno de Macri, nadie se molestó en bajarlo hasta el día de hoy, demostrando que el modelo no se toca).

A inicios de este año, tuvo relevancia nacional el tema de la conformación de la Mesa del litio, entre las provincias de Jujuy, Catamarca y Salta. Recientemente, el gobierno nacional busca aprobar una ley para la creación de una zona franca que incentive la inversión y brinde garantías a las mismas, sin salirse del esquema trazado en la década menemista. Pero la explotación de este metal no es cualquier tema. Argentina es uno de los tres países junto a Chile y Bolivia, que conforma el “triángulo del litio”. Una zona especial de América del Sur que se estima que concentra más del 85% mundial de ese metal. Entre las potencias del mundo está en proceso una verdadera carrera, una fiebre, por adueñarse de dicho metal. Esto es porque el litio es cada vez más importante como insumo esencial en distintas industrial y su explotación conlleva al desarrollo de una cadena de valor que impresiona y que va desde el carbonato de litio (sal inorgánica de uso medicinal), pasando por la baterías de uso electrónico (celulares, autos, Tablet) hasta los materiales aeroespacialesiv.

Argentina es uno de los tres países junto a Chile y Bolivia, que conforma el “triángulo del litio”. Una zona especial de América del Sur que se estima que concentra más del 85% mundial de ese metal. Entre las potencias del mundo está en proceso una verdadera carrera, una fiebre, por adueñarse de dicho metal.

Pero para la concepción extractivista y exportadora de quienes nos gobiernan, desde los 90 a la fecha, no existen proyectos de industrialización nacional del litio. Precisamente el CoFeMin se niega a declarar el mineral como estratégico. Según este organismo "la pretensión de declarar al litio como mineral estratégico va en contra del trabajo que se está realizando desde la nación y las provincias para atraer inversiones que requiere el sector para su desarrollo, y que puede perjudicar la explotación y exportación de un mineral". También agrega que "el litio no es ningún mineral estratégico, es uno de los más abundantes en el mundo y lo que hay que aprovechar es la venta de oportunidad”v. Así tal cual y sin sutilezas.

Mientras Bolivia declara al litio como estratégico y crea la empresa estatal Yacimientos de Litio Boliviano, para industrializar el mineral y exportar productos de alto valor agregado, conservándolo así como propiedad soberana del pueblo boliviano, el CoFeMin y la Mesa del litio lo ofrecen al mejor postor con la sólida retórica menemista de “pase, vea y lleve; todo por dos pesos".

(...) el CoFeMin se niega a declarar el mineral como estratégico. Según este organismo "la pretensión de declarar al litio como mineral estratégico va en contra del trabajo que se está realizando desde la nación y las provincias para atraer inversiones que requiere el sector para su desarrollo, y que puede perjudicar la explotación y exportación de un mineral". 

Una ley suprema

Si por “volver al pasado” los políticos y economistas de las clases dominantes se refieren a “no cometer los mismos errores”, deberíamos pensar que lo que ellos llaman errores para el pueblo son aciertos. Cuando Macri se lamentaba por los 70 años de fiesta que hubo antes de su llegada, estaba añorando los tiempos de la Década Infame. El error que sucedió luego de los tiempos del autoritarismo, el fraude, la corrupción y los negociados, fue el inicio de un real desarrollo soberano a fuerza y pulmón de su propio pueblo. Esta etapa que se inició en 1943, se cerró con la dictadura de 1976.

Si por “volver al pasado” los políticos y economistas de las clases dominantes se refieren a “no cometer los mismos errores”, deberíamos pensar que lo que ellos llaman errores para el pueblo son aciertos.

En actuales circunstancias nacionales, ante tanta pobreza y desigualdad, ante tanta exposición innecesaria hacia la muerte, no es para nada impertinente recordar lo que alguna vez fue una ley suprema. No ha perdido vigencia el espíritu que redactó los párrafos del artículo 40 de la Constitución de 1949, que dice: “La organización de la riqueza y su explotación tienen por fin el bienestar del pueblo, dentro de un orden económico conforme a los principios de la justicia social. El Estado, mediante una ley, podrá intervenir en la economía y monopolizar determinada actividad, en salvaguardia de los intereses generales y dentro de los límites fijados por los derechos fundamentales asegurados en esta Constitución. (…) Los minerales, las caídas de agua, los yacimientos de petróleo, de carbón y de gas, y las demás fuentes naturales de energía, con excepción de los vegetales, son propiedad imprescriptibles e inalienables de la Nación".

ii “Aunque posteriormente cambió la retórica, volviéndose más confrontativa en lo que se refiere a Estado Unidos, la sustancia de las reformas instrumentadas en la década de 1990 permaneció en pie, al punto de que las políticas exteriores de Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner se parecen mucho más a la política exterior de Menem que a la de Alfonsín”. Carlos Escudé en https://www.academia.edu/6309733/Realismo_perif%C3%A9rico_Una_filosof%C3%ADa_de_pol%C3%ADtica_exterior_para_Estados_d%C3%A9biles

iii Raúl Scalabrini Ortiz, Bases para la reconstrucción nacional. Aquí se aprende a defender la patria. Editorial Plus Ultra. Pag.28.

v Revista científica Periferia: http://www.periferiaciencia.com.ar/noticia.php?n=2364

Publicado en Río Bravo el 28 de marzo de 2021

Modificado por última vez en Lunes, 29 Marzo 2021 18:47

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