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Domingo, 27 Septiembre 2020 07:57

Detrás de la teta y el cartón

Escrito por Ignacio González Lowy

Por supuesto que nos enojamos. Mientras se discuten temas cruciales y en medio de una situación también excepcional, uno se pone a besar la teta de su compañera y el otro…. Bueno, el otro vaya uno a saber qué hizo cuando nos dejó un protector de pantalla en su reemplazo. La ofensa es la misma: estaban en otra, les importó un comino, no sintieron que tuvieran responsabilidades que cumplir. Ni por la función que se supone que desempeñan, ni por el holgado salario que cobran.

 

Investigación aparte merecen los motivos culturales (hablemos de pacatería) y políticos que llevan a la inmediata suspensión de uno y a ni una mínima sanción del otro. ¿Se imaginan a Cristina Fernández de Kirchner, en su rol de presidenta del Senado, proponiendo la inmediata suspensión del Senador Esteban Bullrich? Suplementos especiales en diarios y tv y una denuncia contra la “diktadura” en la ONU al otro día, de mínimo.
Ahora, vamos a lo importante: ¿de qué hablaba el diputado Carlos Heller cuando el diputado Juan Emilio Ameri decidió que, en vez de seguir intentando recuperar la conexión, era más importante preguntarle a su compañera por los implantes, y de paso saludarlos con un beso?

Para salir de la crisis

Pocos proyectos de ley sirven tanto para conocer qué intereses representa cada legislador/a, como el del Aporte Solidario y Extraordinario, que consiguió dictamen favorable por mayoría en la reunión de comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara Baja, reunión que terminó opacada por el posterior papelón de Ameri en la sesión. Este proyecto, conocido popularmente como el Impuesto Extraordinario sobre las Grandes Fortunas, propone un gravamen que se aplicará por única vez sobre los patrimonios personales (no incluye bienes empresariales) de más de 200 millones de pesos.

El proyecto (que lleva la firma de legisladores del oficialismo) apunta a recaudar $307 mil millones de pesos que se destinarán para cubrir necesidades en salud, vivienda, energía y pymes. La mayoría de los/as legisladores, que votó el dictamen recomendando su aprobación, plantea que es necesario este aporte extraordinario para cubrir los enormes costos de la crisis provocada por los años de políticas antinacionales y antiproductivas del macrismo, crisis que la pandemia y las medidas que hubo que tomar en resguardo de la salud pública, agravaron considerablemente.

¿De dónde va a salir la plata para ayudar a volver a poner en marcha el golpeado sistema productivo del país? ¿De dónde saldrá la plata para urbanizar los 4 mil barrios populares que necesitan reformas urgentes para que una parte importante de nuestros/as compatriotas dejen de vivir (según la definición del ministro de Desarrollo Social Daniel Arroyo) en el siglo XIX? Desde ya que este impuesto extraordinario no cubrirá todas las necesidades que existen en el país y que en el contexto de la pandemia se agravaron, pero sí es un importante aporte que sería interesante que, quienes se oponen al proyecto en cuestión, informen y expliquen cómo se reemplazaría. Partimos de la base de que seguir imprimiendo billetes o tomar nueva deuda externa no son soluciones posibles, ¿no?

Dime qué intereses defiendes…

En este contexto, en el que de algún sector tiene que salir el aporte extraordinario para resolver la crisis, el dictamen de minoría que aconseja rechazar el proyecto (con el voto de los/as legisladores de Juntos por el Cambio) sostiene que le preocupa la “potencial de erosión patrimonial a los sujetos comprendidos”. Un aporte que es un vuelto para cualquiera de las 9 mil personas (0,02% de la población nacional) alcanzadas por el impuesto, es confiscatorio según legisladores que evidentemente sienten que están ahí para defender a las grandes fortunas del país. Entonces, ¿quiénes tienen que poner el hombro para que el país pueda empezar a caminar a paso firme? ¿De nuevo los/as trabajadores, como casi siempre en nuestra historia?

Es mentira que esas 9 mil personas que juntan patrimonios personales (insistimos, no incluye bienes y propiedades de empresa) de $200 millones (a valor fiscal, por lo que hablamos de fortunas mucho mayores que las que indica el valor nominal) sean “víctimas de la política”, como muchas veces se las presenta. Sufridos emprendedores privados que sufren el acoso del Estado. En general, por el contrario, son empresarios que han construido sus fortunas beneficiándose de negociados con y desde el Estado, desde la Campaña del Desierto y la repartija de tierras para grandes estancieros (cuyos herederos/as aún hoy son dueños de grandes extensiones de tierra) en adelante. Aquél no fue un robo más, es uno de los pilares de la falta de desarrollo de nuestro país, diferencia fundamental con, por ejemplo, los EEUU, donde el régimen de tenencia de tierras apuntó de entrada a un desarrollo mucho más equilibrado, federal y basado en las economías familiares, locales y comunitarias (expoliación a los pueblos originarios al margen, obvio, en eso no hay diferencias).

Esas 9 mil personas aportan mucha plata para hacer política (siempre menos de la que reciben luego cuando las leyes y decisiones de gobierno les devuelven los favores, desde ya). Aportan en campañas electorales de legisladores y candidatos/as que les prometen cuidar luego sus privilegios y favorecerlos con negociados desde el gobierno, y aportan también para el “alquiler” de medios y periodistas que nos intentan convencer de que los intereses de esas minorías poderosas coinciden con los de la nación y el pueblo enteros.

Así, por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires en los 4 años de gobierno de María Eugenia Vidal, las empresas de energía aumentaron sus ganancias más del 10 mil %. ¿El argumento? Que así iban a invertir más (cosa que, obviamente, no ocurrió). Durante el gobierno de Macri en el país, mientras tanto, se tomaban la mayoría de las medidas que el establishment económico le demandó (algunas, como la reforma laboral, no pudieron aplicarlas por la resistencia de sindicatos y movimientos sociales), y sin embargo la famosa lluvia de inversiones (sobre todo extranjeras), nunca llegó. Por el contrario, el aparato productivo del país tuvo un funcionamiento en retracción como si hubiésemos sufrido una pandemia por anticipado.

En definitiva: el poder económico concentrado, hoy como siempre, en nuestro país hace política. Y en general no sufre al Estado: lo usa en su beneficio y en contra de los intereses y las necesidades de las mayorías. Que justamente los/as legisladores cuyas campañas electorales financiaron esos sectores, y los/as periodistas dependientes de estos cuantiosos aportes (migajas para las grandes fortunas pero inconmensurables en comparación con el salario básico de un/a periodista raso); nos quieran convencer de lo contrario, sólo transparenta, una vez más, para quién están jugando.

Detrás de la teta…

Por eso, cuando después de la reunión de la Comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara Baja, los medios hegemónicos pusieron el foco exclusivamente en el escándalo del diputado Ameri y su compañera (repitiendo incansablemente el video que exponía una situación privada, violentando principalmente a ella una y otra vez en cada nueva reproducción); hay algo mucho más importante que nos están ocultando.
Nos están ocultando qué es lo que está en discusión. Qué intereses defienden unos/as y otros/as, dentro y fuera del recinto.

El senador por Santa Fe Carlos Reutemann tiene un triste récord: en 21 años en el Senado sólo habló media hora. Un campeón del recato, el decoro, las buenas costumbres. Votó siempre a favor de las minorías privilegiadas y en contra de las mayorías populares; pero no hace papelones. Ese es el tipo de legislador que los medios proponen como modelo a imitar. Calladito, siempre jugando “correctamente”, mejor imposible.

Ofende la actitud de Ameri (sobre quien además, y esto es mucho más grave que lo que pasó el viernes, pesan denuncias de acoso sexual), como antes la de Bullrich, por supuesto. Bien: Ameri va a ser reemplazado por la antropóloga Alcira Figueroa, especialista y magister en Políticas Sociales y Desarrollo Sustentable, e integrante de la comisión de familiares detenidos-desaparecidos de Orán. Y Bullrich, tranquilo, va a seguir ahí como si nada, como cartón pintado.

Ahora a lo importante: el impuesto extraordinario sobre las grandes fortunas tiene que salir, y no sólo por el aporte que significa para salir de esta crisis. Tiene que ser un puntapié inicial para discutir en serio, de una vez por todas, una reforma tributaria progresiva en nuestro país para que deje de haber un puñado de privilegiados a quienes el Estado banca en las malas pero se la llevan toda afuera en las buenas, mientras las grandes mayorías ponen el lomo para pagar los platos rotos.

Eso es lo que no quieren discutir, legisladores y periodistas, que hoy domingo se siguen persignando porque vieron una teta.

Publicado por Río Bravo el 27 de septiembre de 2020.

Modificado por última vez en Lunes, 28 Septiembre 2020 00:16

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